Escala Torride: Follando con un Desconocido en el Hotel del Aeropuerto

Estaba en el bar del hotel junto al aeropuerto de Barajas. Escale de cuatro horas, vuelo retrasado. El olor a café quemado se mezclaba con anuncios de vuelos por los altavoces: ‘Pasajeros a París, puerta 15’. Sudor de nervios, aire acondicionado helado. Llevaba falda corta, blusa ajustada, lista para lo que viniera. Soy así en viajes: abierta, anónima, adoro esa prisa de no tener mañana.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Lo vi entrar. Moreno, ojos verdes intensos, camiseta marcando pecho. Se sentó cerca, pidió una cerveza. Nuestras miradas chocaron. Sonrisa. ‘¿Escale eterna?’, dijo con acento andaluz. ‘Sí, joder, tres horas muertas’, respondí riendo. Hablamos de vuelos, de ciudades lejanas. Diego, se llamaba. Piloto de carga, dice. Manos grandes, olor a colonia fresca. El corazón me latía fuerte. ‘¿Y si matamos el tiempo juntos?’, soltó él, voz ronca. Dudé un segundo… ‘Venga, habitación 204’. Subimos en silencio, escaleras mecánicas zumbando.

La Mirada que lo Cambió Todo

La puerta se cerró. Climática fría, sábanas blancas impolutas, luz tenue de atardecer filtrada por cortinas. Nos besamos con hambre. Sus manos en mi culo, apretando. ‘Joder, qué tetas’, murmuró quitándome la blusa. Pezones duros al instante. Yo le bajé los pantalones: polla gruesa, venosa, ya tiesa. ‘Mira esto’, gemí tocándola. Me tiró en la cama, falda arriba, bragas a un lado. Dedos en mi coño, ya empapado. ‘Estás chorreando, puta viajera’. Lamí su cuello, mordí oreja. Él se arrodilló, lengua en mi clítoris, chupando fuerte. Gemí alto, ‘¡Sí, así, cabrón!’.

Me puso a cuatro patas. Polla rozando entrada. ‘Te voy a follar como mereces’. Entró de golpe, llenándome. ‘¡Hostia, qué prieta!’, gruñó. Embestidas brutales, cama crujiendo. Sudor goteando, piel pegajosa. Yo empujaba atrás, ‘Más duro, rómpeme el coño’. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas rebotando. Él pellizcaba pezones, ‘Córrete, zorra’. Orgasmo brutal, piernas temblando, chorros mojando sábanas. No paró. Me volteó, ano expuesto. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, métemela’. Lubricó con mi jugo, entró lento. Dolor-placer, gemidos ahogados. ‘Tu culo es mío’. Follando anal, mano en clítoris. Segunda corrida mía, gritando su nombre.

El Placer Brutal y la Despedida

Agotados, desnudos en sábanas revueltas. Fumé un cigarro, humo danzando en rayos de sol poniente. Brisa moviendo cortinas. ‘Eres la mejor follada de mis escalas’, dijo acariciando mi coño hinchado. Le conté mi rollo: adoro esto, anonimato, partir en horas. Él sonrió pícaro. ‘¿Y si jugamos a algo? Imagina un Fort Pollas, pruebas para putas como tú’. Reí. ‘Cuéntame’. Ojos cerrados, su mano en mi teta. ‘Llegas en zodiac, mini-short con cremalleras en coño y culo. Pruebas: eliges la tía que me pone más cachondo. Si fallas, castigo: atada, cuatro tíos tocándote todo, pollas en boca, dedos en agujeros. Eliges la mía a ciegas’. Frío en espalda, excitada de nuevo. ‘¿Y si acierto?’. ‘Te follo yo solo, pero después de verte gozar’. Polla endureciéndose bajo mi palma. ‘Joder, Diego, me mojas otra vez’.

Pero tiempo apuraba. Anuncios: mi vuelo. Amanecer gris por ventana. Ducha rápida, cuerpos pegajosos. Beso largo, sabor a sexo. ‘Adiós, aventura’. Bajé sola, maleta en mano, coño palpitando, recuerdo ardiente en mi equipaje. Vuelo despegando, sonrisa pícara. ¿Fort Pollas? Quién sabe, pero él fue real. Brutal. Perfecto.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top