Escala Ardiente: Follé con un Desconocido en el Hotel del Aeropuerto

Estaba en esa puta sala de embarque del aeropuerto de Madrid, con mi vuelo retrasado cuatro horas. El olor a café quemado del Starbucks me mareaba, y las anuncios de vuelos retumbaban cada dos por tres: ‘Vuelo a Barcelona, puerta 15’. Sudaba bajo la climatización helada, leggings ajustados y camiseta básica. Miraba el móvil, aburrida, cuando lo vi. Alto, moreno, unos 30 años, con esa camiseta negra que marcaba pectorales. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió, yo aparté la vista… pero volví a mirarlo. Se acercó con una birra en la mano.

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‘¿Eres de aquí? Pareces perdida’, dijo con acento francés. ‘No, voy a Barcelona. Retraso eterno’, respondí, riendo nerviosa. Hablamos. Se llamaba Alex, en escala a París. ‘Odio estas esperas. ¿Quieres un café? O algo más fuerte en el bar’. El corazón me latía fuerte. Anonimato total, nadie nos conocía, y mi vuelo en unas horas. ‘Vale, pero solo un rato’. Caminamos al bar del aeropuerto, risas, roces casuales. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos. Habitaciones por horas para escalas’. Dudé. ‘¿Por qué no? No hay mañana’. Adrenalina pura.

El Regard Cruzado en la Sala de Embarque

Llegamos al hotel cutre pero limpio. Recepción rápida, llave en mano. Subimos. La habitación olía a desinfectante, aire acondicionado zumbando, sábanas blancas impolutas y frías al tacto. Cerró la puerta y me besó. Fuerte, lengua dentro, manos en mi culo. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Le arranqué la camiseta, piel caliente contra la mía. Caímos en la cama, crujió el colchón. Me quitó los leggings de un tirón, braga empapada. ‘Estás chorreando, puta’. Metió dedos en mi coño, dos de golpe, adentro y afuera, chapoteando. Gemí alto, arqueándome. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’.

Follada Urgente Bajo las Sábanas del Hotel

Se bajó los pantalones, polla gruesa, venosa, tiesa como piedra. Pre-semen brillando en la punta. Me puse a cuatro patas, él detrás. Escupió en mi coño y clavó la polla de un empujón. ‘¡Ahhh, joder!’. Entraba hasta el fondo, bolas golpeando mi clítoris. Follando salvaje, rápido, cama temblando. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Me agarró las tetas, pellizcando pezones duros. ‘Tu coño aprieta como una virgen’. Cambiamos: yo encima, cabalgando, polla desapareciendo en mí. Rebotaba, coño tragándosela, jugos por sus muslos. ‘Me voy a correr’, jadeó. ‘Dentro no, cabrón’. Me bajó, me abrió las piernas en misionero. Polla palpitando, ojos fijos. Tres embestidas brutales y explotó: leche caliente salpicando mi barriga, tetas, hasta la barbilla. Yo me corrí después, frotando clítoris, espasmos locos.

Nos limpiamos con toallitas del baño, riendo jadeantes. ‘Ha sido brutal’. Miré el reloj: dos horas para mi vuelo. ‘Tengo que irme’. Vestidos a prisa, beso rápido en la puerta. ‘Suerte en París’. Bajé sola al aeropuerto, piernas temblando, coño dolorido y satisfecho. Anuncios de vuelos otra vez, olor a café. Subí al avión con ese recuerdo quemándome entre las piernas, en mi bagage a main. Ningún nombre, solo placer anónimo. Aún me mojo recordándolo.

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