Mi noche loca con una desconocida en el hotel del aeropuerto

Estaba en Barajas, escala eterna por un vuelo retrasado. Noche cerrada, olor a café quemado del bar mezclado con el zumbido de las anuncios de vuelos. ‘Próximo vuelo a París, puerta 15’. Me senté en la barra del hotel del aeropuerto, climatización helada erizándome la piel bajo la blusa fina. Pedí un gin-tonic, cansada del viaje.

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Entonces la vi. Rubia, unos 30, ojos verdes que clavaban. Vestida casual, jeans ajustados marcando un culo redondo. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa tímida. ‘¿Española?’, preguntó con acento francés. ‘Sí, de Madrid, vol retrasado’. Charlamos. Se llamaba Claire, de Lyon, misma mierda de espera. ‘El hotel está lleno, pero tengo habitación doble, sola. ¿Quieres compartir? Solo unas horas’. Adrenalina pura. Anonimato total, nos íbamos al amanecer. ‘Vale, por qué no’.

El cruce de miradas en la sala de embarque

Subimos. Ascensor silencioso, roce accidental de manos. Puerta 312, habitación impersonal: cama king con sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando frío. ‘Necesito una ducha, el vuelo me ha dejado pegajosa’, dije. ‘Yo también. ¿Compartimos? Ahorramos tiempo’. Dudé un segundo. ‘Heu… sí, por qué no’. Agua caliente golpeando, vapor empañando el espejo. Jabón resbalando por su espalda, burbujas en sus tetas firmes. Le froté el cuello, bajé a hombros. Suspiró. ‘Qué bien…’. Mis manos temblaron en sus caderas.

Se giró, pezones duros rozando mi piel. ‘Tus tetas son perfectas’, murmuré. Beso suave, luego hambriento. Lenguas enredadas, sabor a menta de su chicle. Manos por todas partes. Le apreté el culo, ella me pellizcó los pezones. ‘Joder, qué sensibles’, gemí. Cayó de rodillas, agua cayendo. Boca en mi coño, lengua lamiendo el clítoris hinchado. ‘¡Oh mierda!’. Gemí fuerte, piernas temblando. Introdujo dos dedos, bombeando rápido. Yo contra el azulejo, follando su cara.

El polvo brutal en la habitación con urgencia de tiempo

La saqué, la tiré en la cama. Sábanas húmedas pegándose. Abrí sus piernas, coño depilado, labios rosados chorreando. ‘Estás empapada, puta’. Lamí devorando, chupando su clítoris como loca. ‘¡Sí, así, no pares!’. Dos dedos dentro, curvados en su punto G. Gritó, cuerpo arqueado. Se corrió temblando, jugos en mi boca. 69 inmediato. Sus nalgas en mi cara, yo lamiéndola mientras ella me comía el coño. Dedos en mi culo, tres en la concha. ‘¡Fóllame la boca!’. Orgasmo brutal, gritando contra su piel.

No paramos. Se sentó en mi cara, montándome salvaje. Yo lamiendo su ano y coño alternando. ‘¡Más profundo!’. Metí lengua y dedos. Ella se frotó contra mí, tetas rebotando. Luego misionero: tribbing, coños chocando resbalosos, clítoris frotándose. ‘¡Me corro otra vez!’. Sudor, gemidos, olor a sexo llenando la habitación. Anuncios de vuelos lejanos recordándonos el tiempo. Tres orgasmos cada una, cuerpos exhaustos.

Amanecer. Luz gris por la ventana. ‘Mi vuelo sale en una hora’, dijo besándome. ‘El mío también’. Ducha rápida, ropa puesta. Abrazos torpes en la puerta. ‘Ha sido… increíble. Sin nombres reales, sin mañana’. Bajamos, cafés en el bar, olor familiar. Nos separamos en seguridad. Yo embarqué con el coño palpitando, recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Aún siento su sabor.

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