Mi escala caliente en el aeropuerto: un polvo anónimo y brutal

Estaba en la sala de embarque, vuelo retrasado tres horas. El aire olía a café quemado del Starbucks, mezclado con desodorante barato y sudor nervioso. Anuncios por megafonía: ‘Vuelo a Madrid, puerta 15, retraso’. Me senté en el bar, piernas cruzadas, falda subiendo un poco. Tenía una copa de vino tinto, barata, para matar el tiempo. Mi coño latía de aburrimiento, hace meses sin acción. Adoro estos momentos de viaje: anónimos, sin compromisos, solo placer rápido antes de volar.

Lo vi entrar. Alto, moreno, unos 35, camisa azul ajustada, pantalón de chino marcando paquete. Se sentó al lado, pidió una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron. ‘¿Vuelo retrasado también?’, dijo con acento italiano, sonrisa pícara. ‘Sí, jodido Madrid’, respondí, mordiéndome el labio. Hablamos tonterías: el calor de la sala, el jet lag. Pero sus ojos bajaban a mis tetas, a mis muslos. Sentí el calor subiendo. ‘Hay un hotel aquí al lado, cinco minutos. ¿Quieres matar el tiempo de verdad?’, soltó de repente. Dudé un segundo, el corazón acelerado. ‘Vale, pero solo unas horas. Mi vuelo sale al alba’. Nos levantamos, riendo nerviosos.

El cruce de miradas en la sala de embarque

Llegamos al hotel cutre cerca del aeropuerto. Recepción vacía, olor a cloro y ambientador. Subimos, ascensor zumbando. La habitación: cama con sábanas blancas impolutas, aire acondicionado helado erizando la piel, ruido lejano de aviones despegando. Cerró la puerta, me empujó contra ella. ‘Eres una puta caliente’, murmuró, besándome el cuello. Le arranqué la camisa, tetas fuera del sujetador. Sus manos everywhere: pellizcando pezones, bajando mi falda. ‘Quítate todo’, ordené, voz ronca. Se desnudó rápido, polla dura saltando, gruesa, venosa, cabeza roja brillando. La agarré, masturbándola lento. ‘Joder, qué polla más gorda’, gemí.

Me tiró en la cama, sábanas frías contra mi culo caliente. Me abrió las piernas, lengua directo al coño. ‘Estás empapada, zorra’, lamió mi clítoris, chupando labios hinchados. Grité, arqueándome. Dos dedos dentro, follando mi humedad, mientras lamía. ‘Más, métemela ya’, supliqué. Se puso condón, me penetró de un golpe. ‘¡Ahhh, joder!’, polla llenándome hasta el fondo, estirándome. Embestidas brutales, cama crujiendo, piel chocando. ‘Fóllame fuerte, cabrón’, le arañé la espalda. Cambiamos: yo encima, cabalgando su verga, tetas botando, coño tragándosela entera. Sudor goteando, olor a sexo crudo, mixto con el cloro del baño.

El polvo urgente en la habitación del hotel

‘De rodillas, quiero tu culo’, gruñó. Me puse a perrito, él escupió en mi ano, dedo entrando primero. ‘Relájate’, empujó la polla, centímetro a centímetro. Dolor placer, grité: ‘¡Sí, rómpeme el culo!’. Follando anal, mano en mi clítoris, orgasmo explotando, squirtando jugos en las sábanas. Él aceleró, ‘Me corro, puta’, sacando, quitando condón, leche caliente en mi cara, boca abierta tragando. Jadeando, cuerpos pegajosos.

Sonó el despertador a las 5. ‘Mi vuelo’, dije, besándolo rápido. Se duchó conmigo, jabón resbalando, último dedo en mi coño. ‘Ha sido brutal’, sonrió. Bajamos, taxi al aeropuerto. Anuncios de vuelos, olor a café otra vez. Nos despedimos con un beso salado. ‘Sin nombres, sin números’. Subí al avión, coño dolorido, culo palpitando, sabor a semen en la garganta. Recuerdo quemando en mi equipaje de mano, listo para el próximo viaje.

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