Estaba en el bar del hotel al lado del aeropuerto de Barajas. Mi vuelo a Barcelona retrasado tres horas. Olor a café recién hecho, mezclado con ese aire acondicionado frío que te pone la piel de gallina. Anuncios de vuelos por los altavoces: ‘Pasajeros del vuelo IB-1234 a París, embarque por puerta 15’. Me pedí un cortado, sentada en la barra, piernas cruzadas, falda corta por el calor del día. Observaba a la gente, como siempre en estos viajes. Me encanta esa libertad anónima, saber que en unas horas todo acaba.
Entonces lo vi. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara. Estaba dos taburetes más allá, fingiendo leer el móvil. Nuestras miradas se cruzaron. Él no apartó la vista. Yo tampoco. Sonreí un poco, juguetona. Se acercó, con un café en la mano. ‘¿Nos conocemos? Juraría que sí’, dijo, voz grave, con acento andaluz. ‘No creo’, respondí, mordiéndome el labio. ‘Seguro que nos hemos visto en algún sueño. O en un aeropuerto como este’. Reí. Hablamos de tonterías: el retraso, los aviones, lo jodido que es viajar solo. Pero había chispa. Sus ojos bajaban a mis tetas, yo notaba su paquete apretado en los pantalones. ‘¿Vienes de lejos?’, pregunté. ‘De Sevilla. Vuelo en dos horas. ¿Y tú?’. ‘Barcelona. Escala eterna’. Silencio. Luego: ‘¿Compartimos estas horas libres? Sin compromisos’. Asentí. Corazón latiendo fuerte. Subimos a mi habitación. Piso 3, impersonal, sábanas blancas crujientes, clim ruidosa.
La espera en el bar y esa mirada que lo encendió todo
La puerta se cerró y ya estaba sobre mí. Me besó con hambre, lengua dentro, manos en mi culo. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Le arranqué la camisa, pezones duros. Se quitó los pantalones, polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Mira esto’, dijo, meneándola. Me arrodillé, la chupé profundo, saliva goteando, bolas en la mano. Gemí: ‘Mmm, sabe a hombre’. Me levantó, tiró en la cama. Falda arriba, braga a un lado. Dedos en mi coño ya mojado. ‘Estás empapada, puta viajera’. ‘Fóllame ya, que tengo poco tiempo’. Entró de un golpe, polla llenándome, estirándome. ‘¡Ahhh! Sí, así’. Bombeaba fuerte, cama chirriando, sudor frío por la clim. Tetetazos contra su pecho. Le clavé uñas: ‘Más duro, cabrón’. Cambiamos: yo encima, cabalgando, coño tragándosela entera, clítoris frotando. ‘Me corres dentro, ¿eh?’, jadeé. ‘No, condón’, pero él sacó uno rápido, se lo puso. Me puso a cuatro, polla desde atrás, nalgadas rojas. ‘Tu culo perfecto’. Me corrí gritando, chorros en las sábanas. Él gruñó: ‘Me vengo, joder’. Chorros calientes en el látex. Colapsamos, respirando agitados. Olor a sexo, café lejano, anuncio: ‘Vuelo a Barcelona, puerta 22’.
Media hora después, ducha rápida, agua caliente lavando sudor. Nos vestimos en silencio, sonrisas cómplices. ‘Ha sido… inolvidable’, dijo abrochándose. ‘Sin mañana, ¿verdad?’. ‘Exacto. Buen vuelo’. Bajamos, café de despedida en el lobby. Beso fugaz en la mejilla. Yo al embarque, maleta en mano, coño aún palpitando, braguita húmeda. Él a su puerta. Mirada última, guiño. Despegue, recuerdo quemando en mi mente. Mañana, vida normal. Pero esta noche, mía para siempre.