Mi escarceo ardiente en el hotel del aeropuerto con un desconocido

Estaba en el aeropuerto de Madrid, vuelo a Barcelona retrasado tres horas. Me senté en el bar, olor a café quemado y donuts fritos invadiendo todo. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Sudor pegajoso por la humedad, aire acondicionado a tope enfriándome los pezones bajo la blusa fina. Pedí un gin-tonic, nerviosa por la espera. Ahí lo vi. Alto, moreno, traje arrugado como si viniera de una noche loca. Nuestras miradas se cruzaron. Él sonrió, pícaro. Me guiñó un ojo. Eh… ¿coqueteo? Me mordí el labio, abierta a lo que sea en estos viajes anónimos. Adrenalina pura: en unas horas me voy, cero compromisos.

Se acercó, copa en mano. ‘¿Española? Yo de Sevilla, vuelo a Canarias demorado’. Voz grave, acento andaluz que me erizó la piel. Charlamos. Se llamaba Marco, ejecutivo estresado. ‘Estos retrasos matan, pero… ¿y si matamos el tiempo juntos? Hay un hotel al lado, cinco minutos’. Dudé un segundo, corazón latiendo fuerte. ‘Vale, ¿por qué no? Solo unas horas de libertad’. Pagamos y salimos. Noche fresca, luces de aviones despegando. El hotel cutre pero perfecto: recepción vacía, llave magnética pitando.

La espera y el flechazo en la sala de embarque

Subimos. Habitación impersonal, sábanas blancas crujientes, olor a desinfectante y climita helada poniéndome la piel de gallina. Cerró la puerta, me empujó contra ella. ‘Joder, desde que te vi quiero follarte’. Beso salvaje, lengua invadiendo mi boca, manos bajando mi falda. ‘Espera… ¿preservativo?’, jadeé. Sacó uno del bolsillo, riendo. ‘Lista para todo’. Me tumbó en la cama, blusa arrancada, pechos libres. Chupó mis tetas, mordiendo pezones duros. ‘Qué ricas, puta’. Gemí, abrí las piernas. Dedos en mi coño ya mojado. ‘Estás empapada, zorra viajera’.

Se quitó el pantalón, polla gruesa saliendo, venosa y tiesa. ‘Chúpamela’. Me arrodillé, tragué hasta la garganta, saliva chorreando. Él gimiendo: ‘Sí, así, cabrona’. Me levantó, me puso a cuatro patas. Condón puesto, entró de golpe. ‘¡Ahhh! ¡Fuerte!’, grité. Polla rellenándome, embistiendo como animal. ‘Tu coño aprieta de puta madre’. Cachetazos en el culo, pelo tirado. Sudor mezclándose, cama chirriando. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando. ‘¡Me corro!’. Él debajo, dedos en mi clítoris. Orgasmos explotando, yo chillando, él gruñendo: ‘¡Toma leche, puta!’.

La follada urgente antes del amanecer

No paramos. Misionero brutal, piernas en hombros, follando profundo. ‘Más, joder, rómpeme’. Lengua en mi ano, dedos dentro, todo sucio y real. Segundo round: me folló la boca hasta casi ahogarme, luego vaginal de lado, mano en garganta. ‘Eres una guarra perfecta’. Climax final, cuerpos temblando, fluidos por todos lados. Agotados, abrazados en sábanas revueltas, climita zumbando.

A las 5 AM, alarma. ‘Mi vuelo’. Beso rápido, húmedo. ‘Ha sido brutal, anónima’. Él: ‘Vuelve cuando quieras, pero sé que no’. Bajamos, olor a café del lobby. Me fui al aeropuerto, piernas flojas, coño palpitando. Anuncio: ‘Embarque Barcelona’. Subí al avión con ese fuego en el equipaje de mano. Recuerdo eterno, cero arrepentimientos. Viajar es esto: follar sin mañana.

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