Escala Torride en el Aeropuerto: Mi Polvo con un Desconocido en Hotel

Estaba en la sala de embarque del aeropuerto de Madrid, con mi escala de cuatro horas. El olor a café quemado del bar me envolvía, mezclado con el pitido constante de las anuncios de vuelos. ‘Vuelo IB-345 a Barcelona, puerta 12’. Sudaba un poco por la clim fría del aeropuerto. Llevaba una blusa ajustada que marcaba mis tetas grandes, mis pechos voluptuosos que siempre llaman atención. Me senté en el bar, pidiendo un cortado, cansada del viaje.

Ahí lo vi. Un tío mayor, unos cincuenta, aspecto tímido, con gafas y camisa planchada. Me miró de reojo, pero su vista se clavó en mi escote. Yo noté esa hambre en sus ojos, ese deseo crudo. Le sonreí, coqueta. Él se acercó, torpe. ‘¿Española? Yo voy a Sevilla mañana’, dijo, voz suave, con acento francés leve. Charlamos. Yo muy abierta, le conté que adoro estos encuentros anónimos en viajes, la adrenalina de follar sabiendo que en horas nos vamos cada uno por su lado. Él se sonrojó, pero confesó que mis curvas lo ponían cachondo desde que me vio. ‘Tus tetas… son increíbles’, murmuró, bajando la voz. El corazón me latía fuerte. Miré mi móvil: tres horas y pico. ‘¿Y si compartimos estas horas libres? Hay un hotel aquí al lado’, propuse, directa. Él tragó saliva. ‘Sí… vamos’. Nos levantamos, risas nerviosas, cogidos de la mano hacia la salida.

La Mirada en la Sala de Embarque y la Decisión Rápida

El hotel era cutre, cerca del aeropuerto. Recepción rápida, llave magnética. Entramos en la habitación: clim zumbando, sábanas blancas impolutas e impersonales, olor a desinfectante. Apenas cerramos la puerta, nos comimos los morros. Lenguas enredadas, salivas mezcladas. Sus manos temblaban al subir mi blusa, palpando mis tetas enormes sobre el sujetador. ‘Joder, qué gordas y blandas’, jadeó. Yo le bajé los pantalones, saqué su polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Mira qué verga dura me has puesto’, le dije, apretándola. Nos tiramos en la cama, urgencia total porque el tiempo apremia. Le quité el sujetador, mis pezones duros como piedras. Él los chupó con avidez, mordisqueando, mientras yo le pajeaba la polla fuerte, arriba abajo, sintiendo el prepucio resbaladizo.

Follada Brutal e Intensa en la Habitación

Me puse a cuatro patas, él detrás. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’, gruñí. Me metió la polla de un empujón en el coño empapado. ‘¡Qué apretado y mojado!’, gimió. Embistió brutal, piel contra piel, el cabecero golpeando la pared. Sudor, olor a sexo crudo. Cambiamos: yo encima, cabalgando su polla, tetas rebotando en su cara. Él las amasaba, pellizcaba pezones. ‘Me voy a correr…’, avisó. ‘Córrete dentro, lléname de leche’, le pedí, apretando el coño. Eyaculó fuerte, chorros calientes inundándome. Yo seguí moviéndome, frotando el clítoris contra su pubis hasta correrme gritando, ‘¡Sí, joder, me corro!’. No paramos. Sesenta y nueve: su lengua en mi coño chupando mi crema y su semen, yo tragándome su polla aún dura, bolas en la boca. Le ordeñé otra corrida en la garganta, tragué todo, salado y espeso. Manos por todas partes, dedeos en culos, lamidas salvajes. Dos horas de puro vicio, cuerpos pegajosos, gemidos ahogados por la clim.

Al final, agotados, abrazados en las sábanas revueltas. Miré el reloj: mi vuelo en 45 minutos. ‘Ha sido brutal’, dijo él, besándome el cuello. ‘Sin mañana, solo este recuerdo ardiente’, respondí, sonriendo. Me vestí rápido, él igual. Abajo, en la puerta del hotel, anuncio lejano: ‘Vuelo a Barcelona, embarque inmediato’. Un beso largo, lengua última. ‘Suerte en tu viaje’, murmuró. Corrí al aeropuerto, coño palpitando, semen goteando en las bragas. Subí al avión con esa quemazón en el cuerpo, el mejor souvenir en mi equipaje de mano. Aún hoy, en cada escala, busco esa mirada.

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