Estaba en Barajas, escale de mierda por retraso del vuelo a Barcelona. Olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me senté en el bar de la sala de embarque, sudada por el calor, con las piernas cruzadas. Llevaba falda corta, blusa escotada, lista para lo que salga. Amo estas paradas, anonimato total, nadie sabe quién coño eres.
Él apareció de repente. Alto, moreno, ojos penetrantes. Francés, por el acento cuando pidió un whisky. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa pícara. ‘¿Esperando también?’, dijo, sentándose al lado. ‘Sí, horas muertas’, respondí, mordiéndome el labio. Hablamos tonterías: viajes, ciudades folladas. Su mano rozó mi muslo. Electricidad. ‘Mi hotel está al lado del aeropuerto, ¿vienes a matar el tiempo?’, murmuró. Dudé un segundo, el corazón latiendo fuerte. ‘Vale, pero solo unas horas. Mañana me voy’. Adrenalina pura, sin nombres reales, sin promesas.
El cruce de miradas en la sala de embarque
Llegamos al hotel cutre, luces neón parpadeando. Recepción impersonal, llave magnética. Subimos en ascensor, silencio cargado. Puerta abierta, clim frigida golpeando la piel. Draps blancos impolutos, olor a desinfectante. Me empujó contra la pared, besos hambrientos. ‘Eres fuego’, gruñó. Le arranqué la camisa, sintiendo su pecho duro.
Caímos en la cama, urgencia de relojes. ‘Fóllame ya’, jadeé. Bajó mis bragas, dedo en mi coño ya mojado. ‘Estás chorreando, puta’, rio. Lamida profunda, lengua girando en mi clítoris. Gemí alto,公告 de vuelos lejanos filtrándose por la ventana. Me puse a cuatro patas, él detrás, polla gruesa empujando sin condón. ‘¡Joder, qué prieta!’, gritó, embistiendo fuerte. Golpes secos, piel contra piel, sudando bajo el aire acondicionado.
El polvo intenso y sin frenos en la habitación
Le chupé la polla, dura y venosa, saliva goteando. ‘Trágatela toda’, ordenó, cogiéndome el pelo. La metí hasta la garganta, tosiendo, excitada como loca. Volvió a follarme, esta vez misionero, piernas sobre hombros. ‘Me corro dentro’, avisó. ‘Sí, lléname’, supliqué. Chorros calientes inundando mi coño, él temblando encima. No paramos. Anal rápido, lubricante del hotel, dolor-placer quemando. ‘¡Abre ese culo!’, gemía, metiendo dedos primero.
Horas volando. Él me comió el culo, yo cabalgándolo, tetas rebotando. ‘Otra vez, cabrón’, exigí. Polla en mi boca mientras me masturbaba. Orgasmo tras orgasmo, sábanas empapadas, olor a sexo denso. ‘No pares, joder’, repetía entre jadeos. Sufrí un squirt, mojando todo. Él rio, lamiéndolo.
Amaneció pronto. Anuncios de vuelos en mi móvil: ‘Mi avión’. Beso rápido, sudor seco en piel. ‘Ha sido brutal’, dijo, abrochándose. ‘Sin arrepentimientos’, sonreí, vistiéndome. Bajamos, adiós en recepción. Volví al aeropuerto, coño palpitando, semen goteando. Recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Vuelo despegando, sonrisa pícara. Mañana, otro viaje, otra aventura.