Hace unas horas que aterricé en Barajas, Madrid. Escale de seis horas antes de volar a Barcelona. El hotel del aeropuerto huele a café quemado y desinfectante. La climatización fría me pone la piel de gallina bajo la blusa fina. Me siento en el bar, pido un vino tinto rápido. Anuncios de vuelos retumban: “Vuelo IB-345 a París, puerta 12”. Miro el móvil, aburrida, pensando en la libertad de estos viajes. No hay mañana, solo ahora.
Ahí lo veo. Alto, músculos marcados bajo la camisa ajustada, quizás un ex-piloto o mecánico de aviones. Está solo, con una cerveza. Nuestras miradas se cruzan. Sonrío, él se acerca. “¿Escale también?”, dice con voz grave, acento andaluz. Nos hablamos. Se llama Raúl, 35 años, vive cerca pero viaja mucho. Hablamos de la adrenalina de los aeropuertos, de follar sin ataduras. Siento un cosquilleo en el coño. “Mi habitación es la 204, vuelo en cuatro horas”, le digo bajito. Él duda un segundo, ojos brillantes. “Vamos”.
El Encuentro y la Espera Caliente
Subimos en el ascensor silencioso. Sus manos ya en mi culo. La puerta se cierra, olfato a sábanas limpias e impersonales. Me empuja contra la pared, beso duro, lengua invadiendo. “Quítate la falda”, gruñe. Es mini, negra, sube fácil. No llevo bragas, solo el coño depilado listo. Él se desabrocha, saca la polla gruesa, venosa, ya tiesa. La agarro, masturbo fuerte. “Joder, qué dura”, murmuro.
Me tira en la cama, sábanas blancas crujientes. Abre mis piernas, olfatea mi coño. “Hueles a puta cachonda”. Lame el clítoris, chupa fuerte. Gimo, arqueo la espalda. La clim ruge de fondo, pezones duros. Meto dedos en su pelo, empujo su cara. “Más, lame mi coño mojado”. Él mete dos dedos, revuelve, me folla con ellos. Estoy empapada, chorrea en las sábanas. “Vas a correrme ya”, jadeo.
La Despedida con el Fuego en la Piel
Se pone de rodillas, polla apuntando. La frota en mi entrada. “Dime que la quieres”. “Sí, métemela toda, fóllame como una perra”. Empuja, entra de golpe, llena mi coño hasta el fondo. Duele un poco, pero rico. Bombeamos, cama golpetea. Cambiamos: yo encima, cabalgo su polla, tetas rebotando. Él agarra mi culo, azota. “Echa los muslos, abre más”. Grito, orgasmo viene, coño aprieta su verga. Él gruñe, me voltea a perrito. Me folla salvaje, huevos chocan mi clítoris. “Te voy a llenar de leche”. Acelera, explota dentro, semen caliente chorrea.
No paramos. Limpio su polla con la boca, saboreo mi jugo mezclado con su corrida. Se pone duro otra vez. Me come el culo, lengua en el ano. Luego, me penetra ahí, despacio al principio. “Relájate, zorra”. Duele, pero empujo contra él. Me folla el culo fuerte, mano en coño frotando. Otro orgasmo me sacude, tiemblo. Él corre otra vez, dentro.
Sudados, jadeantes. Miramos el reloj: dos horas menos. Anuncios de vuelos suenan lejanos. Se ducha rápido, yo me visto. “Ha sido la mejor escale”, dice riendo. Beso fugaz, sale. Yo recojo mi maleta, coño dolorido y semen goteando. Bajo al aeropuerto, olor a café otra vez. Mi vuelo embarca. Me siento en el avión, sonrisa pícara. Ese recuerdo quema en mi equipaje de mano. Mañana, vida normal. Hoy, follada épica.