Mi Escala Torride en el Hotel del Aeropuerto: Un Polvo Épico con un Desconocido

Estaba en esa sala de espera eterna, con el zumbido de los anuncios de vuelos retumbando. ‘Vuelo AZ-456 a Madrid, embarque en puerta 12’. Olía a café quemado y a esos sándwiches rancios del bar. Yo, con mi maleta de cabina a los pies, sudada del viaje largo. Llevaba un vestido ligero, sin bragas, porque en los aeropuertos todo es provisional, ¿no? Me pedí un gin-tonic para matar el tiempo. Tres horas de escala. Demasiado para esperar, poco para dormir.

Ahí lo vi. Sentado en la barra, con una cerveza a medio terminar. Alto, moreno, ojos que clavaban. Me miró. No disimulando. Yo le devolví la mirada, piernas cruzadas, sintiendo el aire fresco de la climacización subiendo por mis muslos. Sonrió. Levantó el vaso. Yo asentí. En dos minutos ya charlábamos. Se llamaba… bah, no importa. Volaba a Barcelona en cuatro horas. Yo a Sevilla. ‘¿Y si matamos el tiempo juntos?’, dijo, voz ronca. Dudé un segundo. El corazón latiendo fuerte. ‘Hay un hotel al lado. Veinte minutos’. ‘Vamos’, respondí. Adrenalina pura. Anonimato total. Ningún mañana.

El Regalo en el Bar del Aeropuerto

Caminamos rápido por el pasillo subterráneo, riendo de nervios. El recepcionista ni preguntó. Habitación 207. Puerta cierra con clic. Aire acondicionado helado, sábanas blancas crujientes, olor a limpio industrial. Luz tenue. Me tiré en la cama, él de pie. ‘Quítate todo’, le ordené. Se desnudó. Polla ya medio dura, gruesa. Yo me quité el vestido. Desnuda. Pies húmedos aún del baño del aeropuerto. Me acerqué, puse un pie en su pecho. Caliente, suave. Él jadeó. ‘Túmbate’. Obedeció. Boca arriba, inmóvil. Como esperando.

Puse los dos pies en su torso. Húmedos, fríos contra su piel ardiente. Caminé sobre él, lento. Dedos de pies apretando pezones. ‘¿Te gusta?’, murmuré. ‘Sí… joder, sí’. Me giré, senté mi culo en su ingle. Sentí su polla endurecerse debajo, palpitando contra mis nalgas. Piernas flexionadas, plantas en su pecho. Su respiración agitada rozaba mis talones. El mundo se secaba en mi piel, pero yo me mojaba. Bajé más. Abrí las piernas. Mi coño depilado, hinchado, a centímetros de su cara. Olor salado, mezclado con el mío. ‘Míralo bien’, dije. Él tragó saliva. Ojos fijos en mi raja húmeda.

El Polvo Brutal en la Habitación

Me acerqué más. Labios mayores rozando su nariz. ‘Chúpame. Ahora’. Su lengua salió, tímida al principio. Lamida larga, plana. ‘Más adentro, coño’. Empujé. Su nariz en mi clítoris, lengua follando mi entrada. Chupaba fuerte, succionando jugos. Gemí. ‘Así, puta lengua… no pares’. Movía caderas, frotando mi coño en su boca. Él gemía ahogado, manos quietas en las sábanas. La habitación fría contrastaba con mi calor. Sudor en su frente. Lamía mi ano también, sin pedir. ‘Buen chico… lame todo’. Orgasmo subió rápido. Temblé, apretando muslos contra sus orejas. Chorros en su boca. Él bebió.

No paré. Me puse de rodillas sobre su polla. Dura como piedra. ‘Fóllame ya’. Bajé de golpe. Coño tragándosela entera. Gruñí. ‘Joder, qué prieta’. Cabalgaba furiosa. Polla golpeando fondo. Tetas rebotando. Él subía caderas, clavándome. ‘Córrete dentro, no hay tiempo para condones’. Sudor, jadeos, cama chirriando. Anuncios de vuelos lejanos como eco. Me corrí otra vez, uñas en su pecho. Él explotó, semen caliente llenándome. ‘Sí… lléname, cabrón’.

Después, silencio. Cuerpos pegajosos. Mirada. ‘Ha sido… brutal’, dijo él. Sonreí. Me levanté lento. Agua tibia en el baño, limpiando su corrida que goteaba. Vestido puesto. ‘Mi vuelo’. Él asintió, polla flácida, marcado. Beso rápido. ‘Sin números’. Salí. Pasillo frío. Embarque. En el avión, coño aún palpitando, semen seco en muslos. Recuerdo ardiente en mi bagage a mano. Ningún arrepentimiento. Solo ganas de más escalas.

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