Estaba en el aeropuerto de San José, Colombia, esperando mi conexión a Bogotá. El vuelo se retrasaba dos horas, eh… típico. Me senté en el bar, con el olor fuerte a café recién hecho mezclándose con el zumbido de los anuncios de vuelos. ‘Vuelo 456 a Perdida, puerta 5’… bla bla. Pedí un ron con cola, para matar el tiempo.
Lo vi al fondo, un tipo moreno, alto, con camisa ajustada que marcaba pecho. Me miró fijo, yo le devolví la mirada, sonriendo un poco. Era piloto, por el pin en la solapa. Se acercó, cerveza en mano. ‘Hola, ¿española? Se nota por el acento’. ‘Sí, de Madrid. ¿Y tú?’. ‘Juan, vuelo fretes por aquí. ¿Escala larga?’. Asentí, sintiendo esa chispa. Hablamos de viajes, de lo jodido que es estar solo en aeropuertos. ‘Hay un hotel justo al lado, barato, con habitaciones por horas. ¿Te animas a unas copas ahí?’. Dudé un segundo, pero el anonimato del viaje… uf, me encanta esa adrenalina. ‘Vale, pero solo unas horas, mi vuelo sale al alba’.
El cruce de miradas en la sala de embarque
Cruzamos la calle, el ruido de aviones despegando en fondo. El hotel era impersonal, luces tenues, recepcionista que no pregunta nada. Subimos, clim frigida golpeando la piel, sábanas blancas crujientes en la cama king. Cerró la puerta y ya estaba encima. ‘Eres preciosa, con ese culo’. Le besé duro, manos en su polla ya tiesa bajo los pantalones.
Me arrancó la blusa, pechos al aire. ‘Joder, qué tetas’. Chupó mis pezones, mordiendo suave, yo gimiendo bajito. Le bajé el zipper, saqué esa verga gruesa, venosa, palpitando. ‘Mmm, qué polla más rica’. Me arrodillé, la lamí de abajo arriba, lengua en el capullo, tragándomela hasta la garganta. Él gemía, ‘Sí, chúpamela así, puta’. El aire olía a su sudor mezclado con mi perfume.
El polvo urgente en la habitación
Me tiró en la cama, sábanas frías contra mi espalda caliente. Abrí las piernas, coño ya mojado, hinchado. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’. Se puso un condón rápido, me penetró de un empujón, ‘¡Ahhh!’. Entraba duro, polla llenándome entera, golpeando el fondo. ‘Tu coño está ardiendo, tan apretado’. Yo clavaba uñas en su espalda, caderas subiendo a cada embestida. ‘Más fuerte, cabrón, rómpeme’. Sudábamos, clim zumbando, camas chirriando. Me puse a cuatro, él agarrando mis caderas, metiendo como un animal. ‘Me vengo, joder’. ‘Dentro no, pero sí, córrete’. Eyaculó gruñendo, yo temblando en mi orgasmo, coño chorreando jugos por las piernas.
Nos quedamos jadeando, su peso encima. ‘Ha sido brutal’. Besos lentos, pero miré el reloj. ‘Tengo que irme, vuelo en una hora’. Se duchó rápido, yo me vestí, coño aún palpitando, piernas flojas. Bajamos, pago él. En la puerta del aeropuerto, beso fugaz. ‘Suerte en tu vuelo’. Volví a la sala, anuncios retumbando, olor a café otra vez. Despegamos al amanecer, ese recuerdo quemándome entre las piernas, mi secreto en el equipaje de mano. No hubo mañana, solo placer puro, anónimo. Uf, qué vicio.