Estaba en el aeropuerto de Madrid, vuelo a Barcelona retrasado cuatro horas. Joder, qué coñazo. Me senté en el bar del hotel de tránsito, ese sitio cutre con olor a café quemado y fritanga. La megafonía no paraba: ‘Atención, vuelo EK-147 a Dubái, puerta 23’. El aire acondicionado helado me ponía la piel de gallina bajo la falda ligera. Pedí un gin-tonic, para matar el tiempo.
Ahí lo vi. Alto, moreno, ojos que te desnudan. Llevaba una camiseta ajustada, pantalones que marcaban paquete. Se sentó al lado, pidiendo una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron. ‘¿Retraso también?’, dijo con acento francés. Sonreí, ‘Sí, cuatro horas de libertad’. Hablamos tonterías: viajes, ciudades. Sentí su rodilla rozar la mía. Adrenalina pura. ‘¿Hotel arriba? Solo unas horas’, murmuró. Mi coño se mojó al instante. ‘Vamos’, respondí sin pensar. Anonimato total, ni nombres. Solo placer y chau.
La Mirada que lo Cambió Todo en la Sala de Espera
Subimos al ascensor, manos ya impacientes. Su boca en mi cuello, mi mano en su polla dura. ‘Eres una puta caliente’, gruñó. La habitación era impersonal: sábanas blancas crujientes, clim petado, rumor de aviones. Cerró la puerta, me empujó contra la pared. ‘Quítate todo’. Obedecí, tetas al aire, culo expuesto. Olía a su colonia mezclada con lubricante que sacó del bolsillo.
‘¿Quieres mi polla en el culo?’, preguntó lamiéndome el lóbulo. ‘Sí, rómpemelo, pero prepárame’. Se rio, ‘Buena chica’. Me puse a cuatro patas en la cama, culazo arriba. Sacó un tubo de gel frío. ‘Abre las piernas… así’. Vertió en mi ano, dedo índice entrando despacio. ‘Joder, qué apretado’. Gemí, ‘Más…’. Metió dos dedos, girando, dilatando. El frío me erizaba, pero el placer subía. ‘Ahora el tapón’, dijo sacando un cacharro de su maleta. Lo empujó, gimiendo yo: ‘¡Shh! Duele un poco… aaaah, sí, más grande’.
Quince minutos después, mi culo listo, cinco centímetros abiertos. ‘Ahora la goma’, ordené yo, cogiendo un condón. Se la bajó: polla enorme, venosa, cabeza morada. La enmanché, gel por todos lados. ‘Entra ya, no tenemos tiempo’. Se colocó detrás, latex frío rozando mi ano. ‘Relájate, puta’. Empujó fuerte, ¡zas! Mitad dentro. ‘¡Hostia, qué gruesa!’. Agarró mis caderas, embestida total. ‘¡Toma toda mi verga en tu culo de zorra!’.
El Placer Brutal en la Habitación Fría
Follaba brutal, sin piedad. Plaf, plaf, contra mis nalgas. Mi vientre se hundía con cada salida, volvía a llenarse. ‘¡Más rápido! Mi vuelo en tres horas’. Sudor goteando, sábanas arrugadas. Mi clítoris rozaba la cama, masturbándome furiosa. ‘Me corro… ¡agárrate!’, rugió. Noté su polla palpitar, llenando el condón. Yo exploté: ‘¡Sííí, joder, en mi culo!’.
Se retiró, culo ardiendo, chorreando gel. Lo limpié con la boca, tragando restos. ‘Eres increíble’, jadeó. Duchita rápida, olor a sexo en la piel.
Amaneció casi. ‘Mi vuelo’, dije vistiéndome. Beso rápido en la puerta, ‘Sin nombres, sin mañana’. Bajé, equipaje en mano, ano palpitando con cada paso. Anuncio: ‘Vuelo IB-345, embarque’. Sonreí. Ese dolor dulce, ese secreto, mi mejor souvenir. Adiós, desconocido. Hola, vida normal.