Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado tres horas. Me senté en el bar del hotel al lado del aeropuerto, ese olor fuerte a café quemado mezclándose con el aire acondicionado frío. Anuncios de vuelos por los altavoces: ‘Última llamada para París…’. Yo con mi copa de vino tinto, cansada pero cachonda, como siempre en viajes. Adoro esa libertad anónima, saber que en unas horas me voy y no hay consecuencias.
Lo vi entrar. Alto, moreno, ojos intensos. Traje arrugado, maleta en mano. Se sentó al lado, pidió una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí primero, él devolvió con un guiño. ‘¿Retraso también?’, le dije, voz ronca por el jet lag. ‘Sí, cuatro horas. Vuelo a Nueva York’, contestó, acento italiano sexy. Hablamos tonterías: el aeropuerto, el cansancio. Pero el aire estaba cargado. Su rodilla rozó la mía bajo la barra. Sentí un cosquilleo en el coño. ‘¿Quieres subir a mi habitación? Solo unas horas’, solté de golpe, mirándolo fijo. Dudó un segundo, ‘Joder, sí. Vamos’. Pagamos y subimos, corazón latiendo fuerte.
El cruce de miradas en el bar del aeropuerto
La habitación era impersonal: cama king con sábanas blancas crujientes, clim rugiendo, luces tenues. Cerró la puerta y me besó con hambre, lengua invadiendo mi boca, manos en mi culo apretando fuerte. ‘Quítate todo’, gruñó. Me arranqué la blusa, sujetador volando, falda al suelo. Mis tetas al aire, pezones duros. Él se desnudó rápido: polla enorme, tiesa, venosa, goteando ya. ‘Mira qué polla tengo para ti’, dijo riendo. Me tiré de rodillas, olor a hombre puro, sudor y excitación. La agarré, chupé la cabeza, salada, tragando hasta la garganta. ‘¡Joder, qué boca!’, jadeó, cogiéndome el pelo.
Me levantó, tiró en la cama. Sábanas frías contra mi piel caliente. Me abrió las piernas, ‘Qué coño tan mojado, puta viajera’. Lamía mi clítoris, dedos dentro, follando mi agujero empapado. Gemí alto, ‘¡Más, métemela ya!’. Se puso encima, polla empujando mi coño de un golpe seco. Entró hasta el fondo, estirándome, dolor-placer brutal. ‘¡Fóllame duro, que me voy pronto!’, le supliqué. Embistió como loco, cama chirriando, piel chocando. Sudor goteando, su pecho peludo contra mis tetas. Cambiamos: yo encima, cabalgando esa verga gruesa, coño chorreando jugos por sus huevos. ‘¡Me vengo!’, grité, orgasmo explotando, temblando.
Follada intensa en la habitación con urgencia
No paró. Me puso a cuatro, nalgadas fuertes, ‘Toma, zorra de aeropuerto’. Polla en mi culo ahora, lubricado con mi propia leche. Dolor inicial, luego éxtasis, follándome el ojete sin piedad. ‘¡Más profundo!’, pedí, perdida. Él gruñía, ‘Tu culo es mío esta noche’. Se corrió dentro, caliente, llenándome. Yo otra vez, clítoris frotando sábanas. Exhaustos, jadeando, clim zumbando de fondo.
Amaneció pronto. Anuncios de vuelos en el pasillo. ‘Ha sido brutal’, dijo besándome. ‘Sin nombres, sin mañana’, respondí, sonriendo. Me vestí, coño y culo palpitando, semen resbalando. Bajé al aeropuerto, embarqué con ese fuego en el cuerpo, recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Adrenalina pura, lista para el próximo viaje.