Escala ardiente en CDG: mi trío salvaje con una pareja francesa

Estaba en escala en CDG, París. Mi vuelo a Madrid retrasado tres horas. Olor a café quemado por todos lados, anuncios roncos: ‘Vuelo AF-1234 a Barcelona, puerta 45’. Me senté en el bar, sudorosa del viaje, falda corta pegada a las piernas. Pedí un gin-tonic. Ahí lo vi. Alto, hombros anchos de rugbista, pelo rapado, sonrisa de lobo. Me miró fijo, ojos azules. Se acercó. ‘¿Española? Soy François, 34 años, de París’. Voz grave, acento sexy. Charlamos. Él en escala de negocios, su novia Charlotte por ahí, bruna fina, 28, banquera pija pero juguetona.

Llegó ella, risueña, ojos brillantes. ‘Hola, soy Charlotte’. Nos dimos la mano, pero el roce duró. Él contó chistes de viajes, ella reía tocándome el brazo. Adrenalina pura. ‘Tenemos cuatro horas libres. ¿Hotel cerca? Hay uno al lado, cápsulas con cama’. Dudé un segundo. ‘Joder, por qué no. Anonimato total, sin mañana’. Pagamos tragos, salimos. Aire frío de noche, luces neón del aeropuerto. Caminamos rápido, corazonada latiendo.

El encuentro casual en la sala de embarque

El hotel era impersonal, recepción automática. Habitación pequeña, clim a tope, piel de gallina. Sábanas blancas crujientes, olor a desinfectante. Puerta cerrada, clic. François me besó primero, boca hambrienta, manos en mi culo. Charlotte observaba, mordiéndose labio. ‘Quítate la falda’, susurró él. Obedecí, tanga húmeda ya. Ella se acercó, dedos en mi blusa. ‘Eres preciosa’. Sus tetas contra las mías, pezones duros. Nos besamos, lenguas torpes al principio. ‘¿Primera vez con chica?’, preguntó él, quitándose pantalón. Polla gruesa, tiesa, venosa. ‘Sí… pero quiero todo’.

Caímos en la cama. François me abrió piernas, lamió coño directo, lengua en clítoris. ‘Estás chorreando, puta’. Charlotte encima, tetas en mi cara. Chupé pezones rosados, mordí suave. Ella gemía: ‘Ay, sí… más’. Él metió dos dedos en mí, bombardeando. ‘Fóllame ya’, supliqué. Se puso condón, embistió fuerte. Polla llenándome, golpes secos. Charlotte se sentó en mi cara, coño depilado rozando nariz. Lamí, tragué jugos salados. ‘Come mi coño, zorra’. Urgencia total: ‘Tenemos poco tiempo, rómpeme’. Él aceleró, huevos chocando. Cambiamos. Yo a cuatro, François en culo –lubricante del hotel–, dolor placer. Charlotte debajo, dedos en mi clítoris. ‘¡Joder, voy a correrme!’ Grité. Orgasmo brutal, piernas temblando, chorro mojando sábanas.

El sexo brutal en la habitación del hotel

Ahora Charlotte. La puse bocarriba, abrí coño hinchado. Lamí labios mayores, succioné clítoris. François follaba su boca, polla babada. ‘Trágatela, puta’. Ella ahogada, saliva goteando. Metí lengua profundo, dedos en ano apretado. ‘¡Sí, fóllame el culo con dedos!’ Él salió de boca, entró en ella vaginal. Yo en tetas, pellizcando pezones. Ritmo loco, cama chirriando. ‘Me corro… ¡ahhh!’ Ella convulsionó, uñas en mi espalda. François gruñó, sacó polla, eyaculó en nuestras caras. Semen caliente, espeso, tragamos mezclado con besos.

Segundo round rápido. Yo cabalgando polla de él, Charlotte lamiendo donde unía. ‘Más puta, muévete’. Orgasmo suyo dentro condón. Sudor, jadeos, olor a sexo denso. Mirada reloj: dos horas voladas.

Ducha exprés, agua caliente quemando piel. Besos suaves. ‘Gracias, increíble’, dijo él. Charlotte: ‘Vuelve algún día’. No números, solo guiños. Volví al aeropuerto, piernas flojas, coño palpitando. Anuncio: ‘Vuelo a Madrid, embarque’. Sentada en avión, recuerdo ardiendo en mi mente, tanga húmeda en bolso. Mejor escala ever.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top