Estaba en el aeropuerto de Madrid, escale de cuatro horas antes de mi vuelo a Barcelona. El olor a café quemado del bar me envolvía, mezclado con el zumbido de la climatización eterna. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Pasajeros del vuelo IB-1234 a París, a las puertas de embarque’. Me senté en la barra, cansada del viaje, con ganas de algo que me quitara el estrés. Pedí un gin-tonic, hielo tintineando en el vaso.
Entonces lo vi. Alto, moreno, ojos intensos. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió, se acercó. ‘¿Escale larga?’, dijo con acento francés. ‘Sí, jodidamente eterna’, respondí riendo. Charlamos. Se llamaba Alex, de paso a París. Soltero, abierto, como yo. Hablamos de viajes, de aventuras sin ataduras. ‘¿Sabes qué? Tengo una habitación en el hotel de al lado, diez minutos en taxi. Dos horas libres antes de volar. ¿Te animas?’, propuso. Dudé un segundo, el corazón latiendo fuerte. ‘Joder, por qué no. Pero sin promesas, ¿eh?’. Pagamos, salimos. Taxi rápido, su mano rozando mi muslo. Adrenalina pura.
La espera y el encuentro en el aeropuerto
La habitación era impersonal: sábanas blancas crujientes, aire frío de la clim secándome la piel. Oí lejano un avión despegando. Cerramos la puerta. Nos besamos ya en el pasillo, urgentes. ‘Quítate la camiseta’, murmuré. Su pecho duro, olor a colonia y sudor de viaje. Yo me arranqué la blusa, sujetador negro cayendo. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. ‘Dios, qué duras’, gruñó.
Nos tiramos en la cama. Le bajé los pantalones, su polla saltó, gruesa, venosa, ya tiesa. ‘Mmm, qué pedazo’, dije lamiéndome los labios. La chupé despacio al principio, lengua en el glande, luego profunda, hasta la garganta. Él gemía, ‘Sí, cabrona, trágatela toda’. Me follaba la boca, manos en mi pelo. Le puse un pañuelo en los ojos, improvisado. ‘Para sentir más’, susurré. Él rio, ‘Joder, sí’.
El sexo urgente en la habitación
Yo encima, restregando mi coño mojado en su polla. ‘Entra ya’, jadeé. Me empalé, hasta el fondo. Cabalgué fuerte, tetas rebotando, sus manos ciegas buscándome. ‘¡Fóllame más duro!’, grité. Me volteó en cuatro, polla embistiéndome como un animal. ‘Tu coño aprieta tanto…’. Golpes secos, piel contra piel, sudor chorreando. Lamí sus huevos mientras me penetraba, olor a sexo llenando la habitación. Cambiamos: yo de lado, él atrás, dedo en mi culo mientras me taladraba. ‘Me voy a correr’, avisó. ‘Dentro, lléname’, supliqué. Eyaculó fuerte, caliente, yo explotando en orgasmos, uñas en su espalda.
Agotados, jadeando. Miré el reloj: una hora para mi vuelo. ‘Ha sido brutal’, dijo quitándose el pañuelo. Beso rápido, húmedo. Se vistió, yo también, piernas temblando. ‘Vuela bien, guapa’. Bajamos, taxi de vuelta. En el aeropuerto, anuncio: ‘Vuelo a Barcelona, embarque inmediato’. Me fui con su semen aún goteando, sonrisa pícara. Recuerdo ardiente en mi bagage de mano, listo para el próximo viaje.