Mi escale ardiente en el hotel del aeropuerto

Ay, cada vez que lo recuerdo, me pongo a mil. Estaba en escale en Madrid, vuelo retrasado hasta la mañana. Hotel cutre al lado del aeropuerto, de esos con habitaciones impersonales, sábanas blancas crujientes y aire acondicionado que te pone la piel de gallina. Bajé al bar, olor a café quemado mezclado con desinfectante. Anuncios de vuelos en bucle por los altavoces, ‘última llamada para el vuelo a Barcelona’… Me pedí un gin-tonic, sentada en la barra, falda corta subiendo por los muslos, sin bragas porque, ¿pa’ qué? Sudada del viaje, pezones marcados bajo la blusa fina.

Él entró, traje arrugado, maleta a cuestas. Tipazo de unos 40, moreno, ojos que te desnudan. Se sentó al lado, pidió una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron… uf, chispa instantánea. ‘¿Escale también?’, le dije, voz ronca de cansancio. ‘Sí, vuelo a las 6’, contestó, sonriendo, mano rozando mi rodilla ‘por accidente’. Hablamos poco, tonterías del aeropuerto, pero el aire cargado de tensión. Sentía su mirada en mis tetas, en mis piernas abiertas un poco. ‘¿Subimos? Tengo habitación libre, y… solo unas horas’, solté, corazón latiendo fuerte. Dudó un segundo, ‘joder, sí, vamos’. Adrenalina pura, sabiendo que nos iríamos sin saber nombres de verdad.

El cruce de miradas en el bar

Subimos en el ascensor, silencio pesado, su mano ya en mi culo. Puerta cierra, clic del cerrojo. Me empujó contra la pared, besos salvajes, lengua invadiendo mi boca. ‘Quítate todo’, gruñó. Me arranqué la blusa, tetas al aire, pezones duros por el frío del AC. Falda al suelo, coño depilado expuesto, ya húmedo. Él se bajó los pantalones, polla gruesa saltando libre, venosa, cabezota brillante. ‘Mámala, qué rica’, murmuró, agarrándome el pelo. Me arrodillé, olor a hombre, a sudor del día. La chupé ansiosa, labios estirados, lengua lamiendo el tronco, bolas en la mano. ‘Joder, qué boca’, jadeó, follando mi cara suave pero firme.

Me levantó, tiró en la cama, sábanas frías contra mi espalda caliente. Piernas abiertas, ‘métemela ya’, supliqué. Rozó mi coño con la punta, labios hinchados partiéndose. Entró de un golpe, ‘¡ahhh!’, grité, llena al instante. Polla dura como piedra, frotando paredes, clítoris palpitando. Bombeó fuerte, urgente, cama chirriando. ‘Tu coño aprieta de puta madre’, dijo entre dientes. Me puse a cuatro patas, ‘por detrás, fóllame como puta’. Agarró caderas, entró profundo, bolas golpeando mi clítoris. Cada embestida, ‘plaf plaf’, jugos chorreando por muslos. Sudor goteando, AC zumbando, eco de un avión despegando fuera. ‘Me corro… ¡córrete dentro!’, gemí. Él aceleró, gruñendo, polla hinchándose, chorros calientes inundándome el coño. Yo exploté, temblores, uñas clavadas en sábanas, grito ahogado.

La follada urgente en la habitación

Caímos exhaustos, respirando agitados. ‘Eres una viciosa’, rió bajito, dedo aún en mi coño goteante. Nos lamió mutuamente un rato, su lengua en mi culo, yo sus bolas. Segunda ronda rápida, él encima, piernas sobre hombros, polla machacando fondo. Orgasmo doble, semen escurriendo.

Amaneció, alarma pitando. ‘Mi vuelo’, dije, besándolo rápido. Se vistió, ‘ha sido brutal, sin nombre, sin mañana’. Puerta cierra, yo bajo al aeropuerto, coño dolorido, semen secándose en muslos. Anuncio de mi vuelo: ’embarque inmediato’. Subí al avión, sonrisa pícara, ese recuerdo ardiendo en mi equipaje de mano. Volvería a hacerlo sin dudar.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top