Estaba en escale en Barajas, vuelo retrasado cuatro horas. Me metí en el hotel del aeropuerto, ese de paso con habitaciones impersonales. Olía a café quemado del bar, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me pedí un gin-tonic, jupe corta negra, escote generoso, sin sujetador. Sentada en la barra, piernas cruzadas, noté su mirada. Alto, moreno, unos treinta, ojos hambrientos. Me sonrió, dudó un segundo. ‘¿Escale como yo?’, dijo con acento francés. ‘Sí, joder, cuatro horas muertas’, respondí, descruzando las piernas despacio. Él se acercó, polla ya marcando en los pantalones. Charlamos poco, roces de rodillas. ‘¿Subimos? Mi habitación está arriba, vuelo al amanecer’, murmuró. Adrenalina pura, anonimato total. ‘Venga, pero rápido, que no hay tiempo pa’ gilipolleces’. Nos besamos en el ascensor, su mano en mi culo.
La habitación fría por la clim, sábanas blancas crujientes, luz tenue. Cerró la puerta, me empujó contra ella. ‘Quítate todo, quiero verte’, gruñó. Me arranqué la blusa, tetas saltando libres, pezones duros. Él se bajó los pantalones, polla gorda y venosa tiesa como palo. ‘Joder, qué pedazo de verga’, gemí. Me arrodillé, la chupé hondo, saliva chorreando, bolas en la mano. ‘Así, puta, trágatela toda’, jadeó él, agarrándome el pelo. Me folló la boca, polla golpeando garganta, hasta que me levantó. Me tiró en la cama, piernas abiertas. Olía a su sudor mezclado con mi coño mojado. ‘Mira cómo chorrea, fóllame ya’. Metió dos dedos, removiendo, ‘Estás empapada, zorra viajera’. Lamé mi clítoris, mordisqueando, yo arqueándome. ‘¡Coño, no pares!’. Luego su lengua en mi ano, circling, me volvió loca.
El cruce de miradas en el bar
No aguantó más. Me puso a cuatro patas, polla embistiendo mi coño de un golpe seco. ‘¡Ahhh, joder, qué prieto!’, gritó. Follaba brutal, pelvis chocando nalgas, ‘¡Toma, puta anónima, te reviento el chocho!’. Yo empujaba atrás, ‘Más fuerte, cabrón, dame caña antes del vuelo’. Sudor goteando, clim zumbando, cama chirriando. Me giró, misionero, tetas rebotando con cada embestida. ‘Mírame mientras te follo’, dijo, pellizcando pezones. ‘Voy a correrme, llena mi coño de lechita’. Aceleró, bolas apretadas, ‘¡Toma, toda para ti!’. Chorros calientes inundándome, gemí fuerte, orgasmo explotando, coño contrayéndose alrededor de su polla flácida. Nos quedamos jadeando, cuerpos pegajosos.
A las cinco, alarma. ‘Mi vuelo’, dije, besándolo rápido. Él: ‘Ha sido brutal, sin nombre, sin mañana’. Me vestí a prisa, coño goteando su semen en las bragas. Bajamos, olor a café de nuevo, anuncios: ‘Embarque París’. Le guiñé ojo en la puerta, ‘Suerte, desconocido’. Subí al avión, asiento pegajoso, recuerdo quemando en mi cabeza. Ese polvo de escale, puro vicio anónimo.