Escale ardiente en el aeropuerto: mi polvo loco con gemelos anónimos

Estaba jodida en el aeropuerto de Barajas. Nieve por todos lados, como un puto invierno eterno. Mi vuelo a Barcelona retrasado cuatro horas. Olor a café quemado en el bar, anuncios de vuelos retumbando: ‘Atención, vuelo IB-3452…’. Me pedí un cortado, sentada en la barra, piernas cruzadas, falda corta por el calor de la sala.

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Ahí lo vi. Alto, ojos oscuros, sonrisa de canalla. Treinta y pico, traje arrugado. Nuestras miradas se cruzaron. Él pidió una cerveza, se acercó. ‘¿Española? ¿Retraso también?’, dijo con acento madrileño. ‘Sí, joder, qué putada’, respondí riendo. Charlamos. Se llamaba Sergio, vuelo a Sevilla mañana. Yo, Ana, soltera, abierta a locuras. ‘Oye, hay un hotel aquí al lado, 50 metros. ¿Compartimos horas libres? Sin compromisos’, soltó de golpe. El corazón me latió fuerte. Adrenalina del viaje, anonimato total. ‘Venga, sí. Mi vuelo sale al alba’. Pagamos y salimos, nieve crujiendo bajo botas.

La mirada en la sala de espera y la decisión rápida

El hotel era impersonal, recepción rápida, llave magnética. Ascensor pitando, su mano en mi cintura. ‘Clim fría aquí, ¿no?’, murmuró oliendo a aftershave. Entramos en la 207. Sábanas blancas crujientes, luz tenue, zumbido del aire acondicionado. Puerta cerrada, nos miramos. ‘No hay tiempo que perder’, dije quitándome la chaqueta. Él me besó duro, lengua invasora, manos en mis tetas. ‘Joder, qué ricas’, gruñó desabrochando mi blusa.

Lo empujé a la cama, le bajé los pantalones. Polla tiesa, gorda, venosa. ‘Mmm, esta la quiero en la boca’. Me arrodillé, lamí el glande salado, tragué hasta la garganta. Él gemía: ‘Cabr… sí, chúpala toda’. De repente, toque en la puerta. ‘Es mi hermano gemelo, Alain. Le conté… ¿entra?’. Abrí en bragas, él idéntico, polla ya dura bajo boxers. ‘Coño, dos iguales. Venga, los quiero a los dos’. Entró, cierre.

El sexo brutal en la habitación con urgencia de escasez de tiempo

Urgencia total, vuelos pendientes. Los dos desnudos, yo en medio. ‘Folladme ya’, supliqué. Sergio me tumbó boca arriba, piernas abiertas. ‘Mira este coño mojado’. Metió dedos, chapoteo húmedo. Alain me besaba tetas, mordiendo pezones duros. ‘Ahora la polla’, jadeé. Sergio embistió, coño lleno, ‘¡Ahhh, joder, qué prieta!’. Bombeaba fuerte, cama chirriando, piel sudada contra sábanas frías. Alain: ‘Mi turno en el culo’. Escupió en mi ano, dedo primero, luego su verga gruesa. ‘¡Sí, métela despacio… ohhh, duele rico!’.

Doble penetración brutal. Sergio en coño, Alain en culo, sincronizados. ‘¡Folladme como putas!’. Gemía alto, ‘¡Más fuerte, cabrones!’. Sus pollas rozándose dentro, yo empalada, orgasmos en cadena. ‘Me corro… ¡ahhh!’. Cyprine chorreando, ano ardiendo. Ellos gruñían: ‘Toma semen, zorra’. Giclées calientes llenándome, pulsos en vísceras. Sudor, olores a sexo, clim helado en pieles calientes. Colapsamos, jadeos, besos salados.

A las 5 AM, alarma. ‘Mi vuelo’, dije vistiéndome rápido. Ellos dormidos, pollas flojas. Besos fugaces: ‘Gracias, anónimos’. Bajé, nieve parada, café de máquina en lobby. Embarque, asiento ventana. Despegue, recuerdo quemando: pollas gemelas, urgencia, placer sin fin. En mi bolso, sus números borrados. Solo el fuego en mi coño.

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