Escala ardiente en el hotel del aeropuerto: mi polvo anónimo y brutal

Me despierto sudando en la cama del hotel. El aire acondicionado zumba como un mosquito cabrón. Fuera, las annonces de vuelos retumban: ‘Vuelo a Madrid, puerta 15’. Mi coño palpita aún. Recuerdo su polla gruesa entrando en mí. Dios…

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Era mi escala en Barajas. Vuelo retrasado cuatro horas. Odio las esperas eternas, el olor a café quemado del Starbucks, las luces fluorescentes que te dejan ciega. Decido ir al hotel del aeropuerto, uno de esos cutres con habitaciones impersonales. Check-in rápido, maleta en el cuarto. Bajo al bar. Huele a fritanga y desinfectante.

El cruce de miradas en el bar de la terminal

Allí está él. Alto, moreno, ojos que te desnudan. Camisa ajustada, vaqueros que marcan paquete. Me mira fijo mientras pido un gin-tonic. Yo, con mi falda corta y blusa escotada, porque en viaje soy puta libre. Nuestras miradas chocan. Sonrío. Él se acerca. ‘¿Escale también?’, dice con acento italiano. ‘Sí, cuatro horas muertas’, respondo, mordiéndome el labio. Charla tonta: trabajos, destinos. Pero el aire se carga de electricidad. Siento mi tanga humedeciéndose. ‘¿Subimos?’, suelta de golpe. Dudo un segundo. ‘Vale, pero sin nombres. Mi vuelo sale pronto’. Él asiente, polla ya dura en los pantalones.

Subimos en el ascensor. Silencio pesado. Sus manos en mi cintura. Puertas se abren, entramos en su habitación. Draps blancos crujientes, olor a limpio hotelero. Me empuja contra la pared. Boca en mi cuello. ‘Quiero follarte ya’, gruñe. Le arranco la camisa. Pectorales duros, olor a colonia masculina. Yo jadeo: ‘Hazlo, rápido’. Bajamos la cremallera. Su polla salta: gorda, venosa, cabeza roja brillante. La agarro, masturbándola fuerte. ‘Joder, qué pollaón’, digo. Él me quita la falda, tanga a un lado. Dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’. Dos dedos dentro, me folla con ellos. Gimo alto, las annonces de fondo: ‘Barcelona, última llamada’.

Follada urgente contra el reloj del vuelo

Me tira en la cama. Piernas abiertas. Se pone de rodillas, lengua en mi clítoris. Lamida salvaje, chupando mi crema. ‘Sabe a miel’, murmura. Meto sus pelos, restregándole la cara. ‘Come mi coño, cabrón’. Luego, se levanta. Condón? ‘No hay tiempo’, dice. Yo: ‘Sin goma, fóllame crudo’. Empieza lento, pero yo clavo uñas: ‘Fuerte, joder’. Embiste como toro. Polla hasta el fondo, coño lleno. Plaf, plaf, plaf. Sudor gotea, sábanas arrugadas. Cambio: yo encima, cabalgo su verga. Tetas rebotando, él pellizca pezones. ‘Me vengo’, grito. Orgasmo me sacude, chorro en su polla. Él gira, perrito. Manotazo en culo. ‘Voy a llenarte’. Dedo en mi ano, mientras me taladra. Siento su leche caliente explotar dentro. Gemidos roncos, cuerpos pegados.

Caemos exhaustos. Reloj: una hora para mi vuelo. ‘Ha sido brutal’, dice él, besándome. Me visto rápido, coño goteando semen. ‘Sin adiós’, susurro. Salgo, ascensor, lobby. Anuncios: ‘Mi vuelo, ahora’. Corro a la terminal, piernas temblando, sonrisa pícara. En el avión, asiento, cierro ojos. Ese polvo anónimo en mi cabeza, mejor que cualquier milla. Mañana, otro viaje. Otra aventura.

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