Estaba en escale en Barajas, Madrid, volviendo de un viaje de trabajo. Lluvia fina afuera, olor a café recién hecho flotando en el bar de la terminal. Anuncios de vuelos por megafonía: ‘Pasajeros con destino a Sevilla, puerta 15’. Me pedí un cortado, sentada en la barra, piernas cruzadas, falda corta por el calor de la sala.
Lo vi entrar. Alto, joven, sotana civil discreta bajo el abrigo, ojos pícaros. Parecía un cura, pero con esa sonrisa de lobo. Se sentó al lado, pidió un agua. ‘¿Escale larga?’, me dijo, voz ronca. Dudé, ‘Sí, cuatro horas. ¿Tú?’. ‘Idéntico, a Bilbao. Soy Ildéfonse, sacerdote en ruta’. Reí, ‘¿Un cura en Barajas? Suena a pecado’. Él sonrió, ‘El anonimato del viaje, ¿no?’. Charla fluida, roces de rodillas. Adrenalina subiendo. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos. ¿Compartimos horas libres?’, propuse. Él tragó saliva, ‘Vamos, antes de que me arrepienta’.
La mirada en el bar y la decisión impulsiva
Llegamos al hotel, lobby frío con clim rugiendo. Ascensor, manos ya impacientes. ‘Tu habitación o la mía’, jadeó. La suya, impersonal, draps blancos crujientes, olor a desinfectante y su loción. Puerta cierra, se lanza. Beso salvaje, lengua invadiendo, manos en mi culo apretando. ‘Joder, qué tetas’, murmura quitándome la blusa. Yo le bajo el pantalón, polla dura saltando, gruesa, venosa. ‘Mira qué verga de cura’, digo riendo, arrodillándome.
La chupo ansiosa, saliva chorreando, bolas en la mano. Él gime, ‘Para, o me corro ya’. Me tumba en la cama, falda arriba, braga a un lado. Dedos en mi coño mojado, ‘Estás empapada, puta de aeropuerto’. Lamida rápida, clítoris hinchado palpitando. ‘Fóllame ya’, suplico. Saca condón, ‘Vaticano, garantizado’, bromea. Lo pone, entra de golpe. ‘¡Ahhh!’, grito, polla llenándome, embiste fuerte, cama chirriando. Clim fría en la piel sudada, olor a sexo subiendo.
El polvo brutal en la habitación con urgencia de vuelo
Cambio posición, a cuatro, él encajando profundo, nalgadas. ‘Tu culo es pecado’, gruñe. Yo me corro primero, coño contrayéndose, chorros mojando draps. Él acelera, ‘Me vengo…’. Pero el condón revienta, siento el chorro caliente dentro. ‘¡Joder, se rompió!’, dice, pero no para, sigue follando, semen mezclándose. Yo empujo contra él, ‘Sigue, lléname’. Segundo orgasmo mío, él explota de nuevo, grita ‘¡Dios!’. Nos derrumbamos, sudor pegajoso, corazón latiendo.
Anuncios de vuelos en el móvil: mi avión en una hora. ‘Ha sido… brutal’, dice él, besándome. Me visto rápido, coño goteando semen, braguita húmeda. ‘Sin nombres reales, sin mañana’, digo. Él asiente, ‘Adiós, viajera’. Abajo, lobby, café de máquina para disimular. Salgo al aeropuerto, piernas flojas, recuerdo ardiendo en mi cabeza. Subo al avión, sonrisa pícara. Ese cura me dejó preñada de placer, quién sabe si más.