Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto con un desconocido

Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado tres horas. Olor a café quemado por todas partes, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me senté en el bar del hotel al lado del aeropuerto, climatización helada, piel de gallina bajo la blusa. Pedí un gin-tonic, fuerte. Ahí lo vi. Alto, más de 1,80, pelo ondulado castaño, cara lisa, sin barba. Vestía camisa con tres botones abiertos, vaqueros ajustados. Parecía nervioso, mirando el móvil. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí. Él ruborizó, apartó la vista. Qué mono.

Me acerqué. ‘¿Vuelo retrasado también?’, dije casual. ‘Sí, a Barcelona. Soy Víctor’, contestó tímido, voz grave. Charla fluida: viajes, trabajo. Él marketing, yo libre, casada pero abierta al anonimato de las escalas. ‘Estas horas son libertad pura, ¿no? Mañana cada uno a su vida’, solté. Él asintió, ojos brillantes. ‘¿Subimos a mi habitación? Solo unas horas’, propuse, corazón acelerado. ‘Vale’, murmuró, tragando saliva.

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

Ascensor. Silencio tenso. Manos rozándose. Entramos. Drapas blancos impolutos, olor a limpio y aire acondicionado. Se cerró la puerta. Lo besé. Labios secos al principio, luego calientes. Lengua suya suave, explorando. ‘Joder, qué ganas’, gemí. Manos en su camisa, desabotonando. Piel lisa, torso lampiño, tibio. Él me quitó la blusa, sujetador. Pezones duros por el frío. Me chupó uno, mordisqueando. Bajé la cremallera de sus vaqueros. Polla tiesa, enorme, saliendo del bóxer. Glande morado, húmedo. ‘Mira qué polla más rica’, dije lamiéndome labios.

Lo empujé al borde de la cama. Arrodillada, la metí en boca. Caliente, salada, venosa. Lengua alrededor del glande, chupando fuerte. Él gimiendo: ‘Para… no aguanto’. Bolas pesadas en mi mano, masajeando. Me levantó, me tiró en la cama. Drapas fríos contra mi culo desnudo. Me abrió las piernas. ‘Estás empapada’, dijo oliendo mi coño. Lengua en la raja, lamiendo clítoris. Temblaba. Dedos dentro, dos, curvados tocando el punto G. ‘¡Fóllame ya!’, supliqué. Saqué un condón de mi bolso. Se lo puse con la boca.

El polvo urgente antes del vuelo

Me puso a cuatro patas. Polla empujando, abriéndome. ‘¡Qué coño más apretado!’, gruñó. Embestidas brutales, rápido. Urgencia: vuelo en dos horas. Culazos contra su pubis, huevos golpeando clítoris. Mano suya en mi clítoris, frotando. Gemía como loca: ‘Más fuerte, joder…’. Orgasmo brutal, contracciones, gritando. Él no paró. ‘Me corro…’, avisó. Espasmos dentro, llenándome. Se quitó el condón, leche goteando.

Nos limpiamos rápido. Ducha express, agua caliente contrastando el frío de la habitación. Vestidos. ‘Ha sido increíble’, dijo besándome suave. ‘Sin mañana, recuerda’, sonreí. Bajamos. Anuncios: ‘Embarque para Barcelona’. Nos despedimos con un roce de manos. Mi vuelo a Sevilla. Sentada en el avión, coño palpitando aún, sonrisa pícara. Recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Adrenalina del viaje, puro vicio.

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