Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado hasta las seis de la mañana. Cansada, hambrienta de algo más que café. Me metí en el hotel del aeropuerto, ese bar cutre con luces tenues y olor a espresso quemado. Anuncios de vuelos retumbando de fondo, ‘Próximo embarque vuelo IB- whatever…’. Me pedí un gin-tonic, piernas cruzadas, falda subiendo un poco. Llevaba bragas mínimas, ya sabes, por si acaso.
Lo vi entrar. Alto, fornido, traje arrugado como si viniera de negociar millones. Ojos que escanean, se clavan en mí. Se sienta al lado, pide lo mismo. ‘Buenas noches, ¿esperando el amanecer también?’, dice con acento francés, sonrisa ladeada. Yo, riendo bajito, ‘Sí, y hartita de esperar. ¿Tú qué, escapando de algo?’. Charla fluida, roces de rodillas. Él, Herbert, empresario en tránsito. Yo, Val, española suelta, adoro esto: nadie nos conoce, nos vamos en horas. ‘¿Subimos? Mi habitación está arriba, climita fría y cama king’, suelta él, mano en mi muslo. Dudo un segundo, huelo su colonia mezclada con sudor de viaje. ‘Venga, pero rápido, que mi avión no espera’. Corazón latiendo fuerte, subimos en ascensor silencioso.
El cruce de miradas en el bar
Puerta cierra, clic metálico. Aire acondicionado zumbando, frío erizando piel. Sábanas blancas impolutas, olor a detergente barato. Me empuja contra la pared, boca hambrienta en mi cuello. ‘Joder, qué ganas tenía desde el bar’, gruñe. Le arranco la camisa, botones saltando. Pantalón abajo, su polla sale dura, gorda, venosa. ‘Mira esto, para ti’, dice. Yo de rodillas ya, saliva corriendo. La chupo profundo, lengua en el glande, bolas en mano. Él gime, ‘Coño, qué boca’. Me levanta, falda arriba, bragas a un lado. Dedos en mi coño empapado, ‘Estás chorreando, puta cachonda’.
Me tira en la cama, piernas abiertas. Polla entra de golpe, estirándome hasta el fondo. ‘¡Fóllame fuerte!’, grito, uñas en su espalda. Él embiste como animal, cama crujiendo, piel sudada chocando. Anuncios de vuelos lejanos, como banda sonora. Cambio: yo encima, cabalgando, tetas botando. ‘Tu coño aprieta delicioso’, jadea. Le giro, levanto culo. ‘¿Quieres mi culo? Venga, pero lubrica’. Escupe en mi ojete, dedo primero, luego glande presionando. Duele un poco, pero excitante. Entra lento, ‘Joder, qué estrecho’. Yo gimo, masturbándome el clítoris. Él acelera, manos en tetas, pellizcando pezones. Orgasmo me parte, grito ahogado, coño palpitando vacío. Él saca, chorros calientes en mis nalgas, resbalando.
El polvo brutal y la despedida ardiente
No para. Me pone a cuatro, otra ronda en coño, brutal. ‘No pares, cabrón’. Sudor goteando, clim helado contrastando. Segundo polvo: él atrás, dedo en culo mientras folla. Exploto otra vez, piernas temblando. Él se corre dentro, ‘Toma mi leche’. Colapso en sábanas revueltas, olor a sexo y café lejano.
A las cinco, alarma. Luz gris del amanecer filtrándose. ‘Ha sido brutal, Val. Suerte en tu viaje’, dice besándome. Yo, vestida rápido, ‘Igual tú, Herbert. Guardo tu polla en mi memoria’. Puerta cierra, corro a embarque. Avión despega, coño dolorido, sonrisa pícara. Recuerdo quemando en mi equipaje de mano. Nada de mañana, puro fuego efímero.