Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto durante la escala

Ay, chicas, acabo de aterrizar y aún me tiemblan las piernas. Soy Lucía, 32 años, casada pero con ganas de aventuras en los viajes. Esta vez, vuelo de Madrid a Barcelona, pero el puto retraso de tres horas me tenía loca en la sala de embarque. Olor a café quemado del bar, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para el vuelo a París’… Frío del aire acondicionado clavándose en la piel.

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Me pedí un gin-tonic para matar el tiempo. Ahí lo vi. Alto, moreno, ojos que te desnudan. Estaba solo, revisando el móvil. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa. ¿Coincidencia? Pidió otro gin y se acercó. ‘¿Volando sola? Yo también tengo escala eterna hasta mañana’. Se llamaba Pablo, de paso a Latinoamérica. Hablamos de tonterías, pero el roce de su brazo en el mío… Uff, sentí un cosquilleo en el coño. ‘Hay un hotel al lado del aeropuerto, habitaciones por horas. ¿Te animas a matar el tiempo de verdad?’, murmuró. Dudé. ‘No sé… mi vuelo sale en cuatro horas’. Pero la adrenalina del anonimato, saber que no hay mañana… ‘Vámonos’. Cogí mi bolso de mano y salimos corriendo bajo la lluvia fina.

El encuentro en la sala de embarque

La recepción del hotel olía a desinfectante y humedad. Climatización helada, como un golpe en los pezones. ‘Habitación doble, por favor’, dijo él pagando. Subimos en ascensor, silencio cargado. Puerta cierra, y zas, sus labios en los míos. Duros, urgentes. ‘Joder, Lucía, estás buenísima’, gruñe mientras me arranca la blusa. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros como piedras. Yo jadeo, ‘Pablo, fóllame ya, no tenemos tiempo’. Lo empujo al colchón, esos drapes blancos impolutos que crujen fríos bajo nosotros.

Le bajo los pantalones de un tirón. Su polla salta, gruesa, venosa, goteando precum. ‘Mmm, qué pollaón’, digo lamiéndome los labios. Me arrodillo, la engullo entera. Chupó, succiono el glande, lengua en el frenillo. Él gime, ‘Sí, cabrona, trágatela toda’. Me follo la boca con su verga, saliva chorreando por la barbilla. Pero quiero más. Me tumbo, abro piernas. ‘Métemela en el coño, ahora’. Él no espera, frota la punta en mis labios hinchados, empapados. ‘Estás chorreando, puta viciosa’. Empuja de golpe, me llena hasta el fondo. ‘¡Aaaah! Sí, rómpeme el coño’. Bombeamos como animales. Sus huevos chocan contra mi culo, clack-clack. Cambio de posición, a cuatro patas. Me agarra las caderas, me taladra. ‘Tu coño aprieta como una virgen, joder’. Siento el orgasmo subir, ‘Me corro, Pablo, no pares… ¡Síii!’. TiemBlo, chorro de jugos por mis muslos.

La urgencia en la habitación

Pero no acaba. Me voltea, me monta encima. Cabalgo su polla, tetas rebotando. ‘Córrete dentro, lléname’. Él aprieta mis nalgas, dedo en mi ano. ‘Quieres por el culo también?’. ‘Otro día, amor, ahora solo coño’. Acelero, siento su polla hincharse. ‘Me vengo, toma mi leche’. Gruñe, chorros calientes inundándome el útero. Colapso sobre él, sudados, oliendo a sexo puro.

Lavado rápido en la ducha diminuta, agua tibia. ‘Ha sido brutal’, dice besándome el cuello. Yo sonrío, ‘Sin arrepentimientos, ¿eh?’. Vestimos deprisa. Abajo, anuncia mi vuelo: ‘Embarque inmediato para Barcelona’. Nos despedimos en la puerta del hotel, beso salado. ‘Guárdate el recuerdo en el equipaje de mano’. Corro al aeropuerto, coño palpitando, semen goteando en las bragas. Sentada en el avión, sonrío. Alain me espera en casa, pero este secreto quema delicioso. Mañana, todo normal. Pero hoy… uf, qué follada.

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