Estaba en escala en Barajas, eh… vuelo a México retrasado tres horas. Me arrastré al hotel del aeropuerto, uno de esos impersonales con habitaciones por horas. El bar olía a café quemado y croissants rancios, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me pedí un gin-tonic, cansada del viaje, falda ajustada, blusa escotada, lista para olvidar el estrés.
Lo vi ahí, alto, moreno, con barba de tres días y ojos que prometían problemas. Vestía vaqueros rotos, camiseta pegada al pecho musculoso, maleta a los pies. Nuestras miradas chocaron. Sonrió, pícaro. Me acerqué, ¿por qué no? ‘Hola, ¿tú también esperando el milagro?’, dije riendo. ‘Sí, vuelo a Nueva York en cuatro horas. ¿Compartimos rato?’. Charla fluida: él, periodista de viaje, yo, azafata libre. Adrenalina del anonimato, sabiendo que en unas horas cada uno a su avión. ‘Tengo habitación arriba, clim frigide, sábanas blancas crujientes. ¿Vienes? No hay mañana’. Dudé un segundo, mordí el labio. ‘Vale, pero rápido, mi vuelo no espera’.
El cruce de miradas en la sala de embarque
Subimos en ascensor, manos ya enredadas. Puerta cierra, clic metálico. AC soplando helado, piel de gallina. Me empuja contra la pared, boca hambrienta en mi cuello, olor a su colonia mezclada con sudor de aeropuerto. ‘Joder, qué ganas de follarte desde que te vi’, gruñe. Le arranco la camiseta, pezones duros bajo mis uñas. Baja mi cremallera, falda al suelo, tanga empapada. ‘Mira cómo estás de cachonda, puta mojada’. Río, nerviosa, excitada. Lo tumbo en la cama, sábanas frías contra mi culo desnudo. Desabrocho su pantalón, polla salta dura, gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Mmm, qué pedazo de verga’. La chupo ansiosa, lengua en el glande, bolas en mi mano, él gime ‘Sí, trágatela, zorra’. Babas por mi barbilla, garganta profunda, casi me ahogo.
El polvo brutal en la habitación fría
No aguanta. Me voltea a cuatro patas, ‘Ahora te la meto toda, prepárate’. Siento su glande en mi coño chorreante, resbaladizo. Empuja fuerte, ¡ahhh!, llena hasta el fondo, útero golpeado. ‘¡Qué coño más apretado, joder!’. Me agarra caderas, embiste salvaje, plaf plaf plaf, piel contra piel. Huelo su sudor, el mío, mixto animal. ‘Más fuerte, fóllame como un perro’, suplico jadeando. Dedos en mi clítoris, frotando furioso. Giro cabeza, beso su boca, lenguas enredadas salivas. Cambia, me pone misionero, piernas en hombros, polla martilleando profundo. ‘Voy a correrme, puta’. ‘Dentro, lléname de leche’. Acelera, bolas tensas contra mi culo. Grita, chorros calientes inundando mi coño, gotas por muslos. Yo exploto segundos después, espasmos, uñas en su espalda, ‘¡Me corro, hostia!’. Colapso temblando, semen escurriendo.
Minutos después, ducha rápida, agua caliente lavando pecados. ‘Ha sido brutal’, dice besándome. ‘Sin nombres reales, solo placer’. Me visto, falda arrugada, coño palpitante. Abajo, último sorbo de café frío, anuncio: ‘Embarque vuelo México’. Nos miramos, guiño. ‘Buen viaje, recuerdo ardiente en el equipaje’. Salgo, piernas flojas, sonrisa pícara. Avión despega, su semen aún dentro, secreto mío.