Estaba en el aeropuerto de Madrid, vuelo retrasado tres horas. Olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Atención, vuelo a Barcelona…’. Me senté en el bar, sudada por el calor, con mi falda corta y blusa ligera. Pidí un gin-tonic, para matar el tiempo. Ahí lo vi. Alto, moreno, ojos penetrantes, solo con una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí, él devolvió la sonrisa. Dudé un segundo… ¿por qué no? Soy de esas que adoran el anonimato de los viajes, follar sin compromisos, sabiendo que en unas horas cada uno tira por su lado.
Me acerqué. ‘¿Vuelo retrasado también?’, le dije. ‘Sí, a Nueva York, cuatro horas de espera’, contestó con acento italiano. Se llamaba Marco. Charlamos, risas, roces casuales. La química saltaba. ‘Hay un hotel al lado, habitaciones por horas’, soltó él. Mi coño se mojó al instante. ‘Vámonos, no perdamos tiempo’, respondí. Caminamos rápido, el aire acondicionado del lobby nos golpeó como una caricia fría. Subimos, habitación impersonal: sábanas blancas crujientes, luz tenue, zumbido del tráfico lejano.
El cruce de miradas y la decisión impulsiva
Cerró la puerta y me besó con hambre. Lenguas enredadas, manos por todas partes. ‘Joder, qué ganas tenía’, murmuró. Le arranqué la camisa, él mi blusa. Mis tetas saltaron libres, pezones duros. Me chupó uno, mordisqueó suave. ‘Qué ricas’, gruñó. Yo bajé la mano, palpé su polla tiesa bajo los pantalones. ‘Madre mía, qué pedazo’. La saqué, venosa, gorda, palpitante. Me arrodillé, lamí el glande, salado. La tragué entera, hasta la garganta, él gimiendo: ‘Sí, cabrona, chúpamela así’. Le mamé con ganas, bolas en la mano, saliva chorreando.
Me levantó, tiró en la cama. Sábanas frescas contra mi piel caliente. Me abrió las piernas, olí mi propia humedad. ‘Mira qué coño tan mojado’, dijo, metiendo dos dedos. Gemí, arqueé la espalda. Me lamió el clítoris, lengua rápida, succionando. ‘¡Joder, no pares!’. Vibraba entera, el aire frío de la clim erizaba mi piel. Me corrí fuerte, chorros en su boca, piernas temblando.
Follada intensa y despedida ardiente
‘Ahora fóllame’, le rogué. Se puso condón, me penetró de un empujón. Polla llenándome, estirándome. ‘¡Qué apretada!’, jadeó. Bombeó duro, cama chirriando. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo, tetas rebotando. ‘¡Más rápido!’, gritó. Le clavé las uñas, coño tragándosela. Luego a cuatro patas, él detrás, cacheteándome el culo. ‘Toma, puta de aeropuerto’. Sus huevos chocando contra mi clítoris, sudor mezclado, olor a sexo puro. Me corrí otra vez, gritando. Él no aguantó: ‘Me vengo…’. Sacó la polla, leche caliente en mi espalda.
Nos derrumbamos, jadeando. ‘Ha sido brutal’, dijo él, besándome el cuello. Miré el reloj: dos horas voladas. ‘Mi vuelo sale en una hora’, susurré. Ducha rápida, jabón resbalando por nuestros cuerpos. Nos vestimos, beso final. ‘Adiós, desconocido’, le dije en la puerta, guiñando. Bajé al aeropuerto, anuncio de mi vuelo: ‘Embarque inmediato’. Me fui con el coño palpitando, ese recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Mañana, otro viaje, otra aventura. Sin remordimientos.