Estaba en el aeropuerto de Barajas, escala eterna por un vuelo retrasado. El olor a café quemado del bar me golpeaba, mezclado con el zumbido de las anuncios de vuelos. ‘El vuelo a Barcelona embarca en dos horas’, decían. Me senté en la barra, falda corta, blusa ajustada, sudando un poco por la humedad. Entonces lo vi. Un tío de unos cuarenta, moreno, ojos intensos, con una camisa que marcaba pecho. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí. Él se acercó.
—Hola, ¿esperando también? —dijo con acento italiano, voz grave.
El encuentro en el bar del aeropuerto
—Sip, unas horas muertas. ¿Y tú?
—Idem. Vuelo a Roma al amanecer. ¿Una copa?
Pedimos gin-tonics. Charlamos tonterías: viajes, ciudades. Sentí la química. El roce accidental de su mano en mi muslo. El corazón me latía fuerte. ‘¿Y si…?’, pensé. Adoro esto del viaje, el anonimato, saber que nos iremos sin rastro.
—¿Hotel cerca? —susurró, mirándome fijo—. Tenemos tiempo.
Dudé un segundo. ‘Joder, sí’. Pagamos y salimos. El aire fresco de la noche, luces de aviones despegando. Caminamos rápido al motel del aeropuerto, esas habitaciones impersonales con vistas a la pista.
La puerta se cerró. La clim ronroneaba fría, erizándome la piel. Sábanas blancas crujientes, olor a limpio y desinfectante. Me empujó contra la pared, beso salvaje, lenguas enredadas. Sus manos everywhere: apretando mi culo, subiendo la falda.
—Joder, qué tetas —gruñó, bajándome la blusa. Chupó mis pezones duros, mordisqueando. Gemí bajito.
Le desabroché el pantalón. Polla gorda, venosa, ya tiesa. ‘Mmm, esta sí’. Me arrodillé, la lamí desde la base, bolas pesadas. Él jadeaba, mano en mi pelo.
—Chúpala toda, puta.
La tragué profunda, garganta apretada. Saliva chorreando. Me levantó, me tiró en la cama. Falda arriba, braga a un lado. Dedos en mi coño empapado.
—Estás chorreando, zorra. ¿Quieres polla?
La follada intensa en la habitación
—Fóllame ya, no tenemos tiempo.
Se puso encima, embestida brutal. Polla abriéndome en dos, coño ardiendo. Follando duro, cama chirriando. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando. Él pellizcaba mis pezones.
—Gira, quiero tu culo.
Hesité. ‘Sí, joder’. Me puse a cuatro, culo alto. Escupió en mi ano, dedo primero, luego dos. Dolor placer. Polla en la entrada, empujando lento.
—Relájate… así… —gimió cuando entró el glande. Tiré, piqui piqui al principio, luego llena. Me taladraba el culo, bolas golpeando coño.
—Más fuerte, rómpemelo!
Sudor, jadeos, piel pegajosa. Me corrí gritando, coño contrayéndose vacío. Él sacó, me dio la vuelta, polla en mi boca.
—Trágatelo todo.
Explosión caliente, semen espeso bajando garganta. Tragué, lamiendo restos.
Nos duchamos rápido, agua caliente lavando pecados. Él sonrió.
—Ha sido… inolvidable.
Yo, vistiéndome: ‘Sin nombres, sin mañana’. Beso último. Salí al amanecer, anuncios retumbando: ‘Embarque a Barcelona’. Coño y culo palpitando, sonrisa pícara. En el avión, ese recuerdo ardiente en mi bagage a mano. Volvería a hacerlo sin dudar.