Escala ardiente: mi polvo salvaje con un desconocido en el hotel del aeropuerto

Estaba en el aeropuerto de París, escale eterna de cuatro horas. Vuelo retrasado, mierda. Me senté en el bar, olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para Madrid…’. Sudor pegajoso, falda corta subida por el calor. Pedí un gin-tonic, hielo tintineando.

Él entró, alto, ojos cansados pero fieros. Traje arrugado, maleta a rueda. Se sentó al lado, pidió lo mismo. Nuestras miradas chocaron en el espejo detrás de la barra. Sonrisa tímida mía, él dudó: ‘¿Española? Yo de aquí cerca, vuelo a Lyon mañana’. ‘Sí, de Barcelona. Escala jodida’, respondí, cruzando piernas, rozando su rodilla ‘por accidente’.

La mirada que lo cambió todo en el bar

Charlamos. Se llamaba François, viudo reciente, viaja mucho por curro. ‘Necesito olvidar’, murmuró, mano en mi muslo. Adrenalina pura: partimos en horas, cero compromisos. ‘Hay un hotel al lado, 50 euros la noche. ¿Vienes?’, propuso. Corazón latiendo fuerte. ‘Vale, pero solo unas horas. Mi vuelo no espera’.

Pagamos, salimos. Aire fresco de noche, luces de pista parpadeando. Hotel cutre pero limpio, recepción desierta. Subimos, ascensor pitando. Puerta abrió, clim ruidosa helando el aire, olor a desinfectante.

Entramos, besos urgentes. Manos everywhere. ‘Joder, qué ganas’, gruñó quitándome la blusa. Sus labios en mi cuello, mordiendo suave. Draps blancos impolutos, fríos al tacto. Lo empujé a la cama, desabroché su pantalón. Polla tiesa saltando, gruesa, venosa. ‘Mmm, qué pedazo’, lamí la punta, salada. Chupé hondo, garganta apretando, él gimiendo: ‘Sí, así, puta…’. Babas goteando, huevos peludos en mi mano.

El polvo urgente en la habitación fría

Me volteó, falda arriba, tanga rota de un tirón. Dedos en mi coño empapado: ‘Estás chorreando, zorra’. Lamida brutal, lengua clavada en el clítoris, succionando. Gemí alto, ‘¡Fóllame ya!’. Se puso condón, me penetró de golpe. Polla rellenándome, embestidas salvajes. Cama crujiendo, clim zumbando cubriendo gritos. ‘Más duro, joder’, clavé uñas en su espalda. Él sudando, ‘Tu coño aprieta como loco’.

Cambié posición, a cuatro, culo alto. Entró anal, lubricado con mis jugos. ‘¡Ahhh, sí!’, dolor-placer. Bombeó fuerte, cachetadas en nalgas rojas. Me corrí gritando, chorros mojando draps. Él sacó, se corrió en mi boca, semen caliente tragado entero.

Agotados, abrazados sudados. ‘Eres increíble’, susurró. Miré reloj: amanecer cerca, mi vuelo en una hora. ‘Ha sido perfecto, sin mañana’. Vestí rápido, beso salado. Bajamos, taxi al aeropuerto. Annuncios otra vez: ‘Embarque Madrid’. Él sonrió desde la puerta del hotel, yo corrí a la puerta. Coño aún palpitando, sabor suyo en lengua. Souvenir ardiente en mi bagage à main, listo para seguir viajando.

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