Estaba en escala en Barajas, vuelo retrasado tres horas. La sala de embarque olía a café quemado y a esos bocatas rancios de máquina. Anuncios por megafonía: ‘Pasajeros a París, puerta 15’. Me senté en el bar, con mi falda corta y top ajustado, sudando un poco por el calor. Él apareció: alto, moreno, traje arrugado de viajero de negocios. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió, pícaro. Pedí un gin-tonic, él se acercó. ‘¿Esperando también?’, dijo con acento italiano. ‘Sí, jodida escala’, respondí, mordiéndome el labio. Charlamos tonterías: vuelos, ciudades. Pero el aire estaba cargado. Sus ojos bajaban a mis piernas. Yo crucé las mías despacio, provocona. ‘¿Y si matamos el tiempo juntos?’, murmuró. Dudé un segundo, corazón latiendo fuerte. ‘Hay un hotel al lado del aeropuerto. Dos horas nada más. Sin compromisos’. La idea me puso cachonda al instante. Anonimato total, me voy en un rato. ‘Vale, vamos’, dije, levantándome.
Cruzamos la calle corriendo casi, riendo. Recepción rápida, llave magnética. Subimos al ascensor, ya nos besábamos. Puerta abierta, clim brutal, piel de gallina. Sábanas blancas impolutas, impersonales, olor a desinfectante. Me empujó contra la pared. ‘Quítate la ropa, puta’, gruñó. Me arranqué el top, sujetador volando. Pechos pequeños pero duros, pezones tiesos. Él se sacó la polla del pantalón: gorda, venosa, ya tiesa. ‘Mírala, para ti’. La cogí, masturbándola lento. ‘Joder, qué grande’. Me arrodillé en la alfombra áspera. Boca abierta, lengua lamiendo el capullo. Saliva chorreando. La chupé profunda, garganta apretada, él gimiendo: ‘Así, cabrona, trágatela toda’. Me follaba la boca, manos en mi pelo corto. Dedos suyos bajaron a mi coño: empapado. ‘Estás chorreando, zorra’. Me metió dos dedos, bombeando. Gemí con la polla dentro.
El cruce de miradas en la sala de embarque
Me tiró a la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. ‘Abre las piernas’. Lamía mi coño, lengua en el clítoris, sorbiendo jugos. ‘¡Sí, come mi coño!’. Me corrí rápido, temblando, arañándole la espalda. Él se puso encima, polla rozando mi entrada. ‘Te voy a follar como una perra’. Entró de golpe, estirándome. ‘¡Joder, qué prieta!’. Embestidas brutales, cama chirriando. Sudor mezclado, clim zumbando. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando. ‘Fóllame más fuerte’. Él me dio la vuelta, a cuatro patas. Dedo en mi culo: ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, métemelo, pero despacio primero’. Escupió, entró el dedo, luego la polla. Anal intenso, dolor-placer. ‘¡Rompe mi culo, joder!’. Me pellizcaba los pezones, azotes en nalgas. Orgasmo suyo: ‘Me corro, puta’. Chorros calientes dentro. Yo exploté detrás, coño palpitando vacío.
Media hora después, ducha rápida, cuerpos pegajosos. ‘Ha sido brutal’, dijo, besándome. Yo: ‘Sin nombres, sin mañana’. Bajamos, aeropuerto bullendo otra vez. Anuncios: ‘Embarque puerta 15’. Nos despedimos con un beso rápido en la calle. Él a su vuelo, yo al mío. Culito dolorido, coño hinchado, sonrisa pícara. Ese polvo en el bolsillo del recuerdo, quemándome hasta casa.