Mi escala ardiente en el hotel del aeropuerto con un desconocido musculoso

Ay, qué nochecita. Llegué a Barajas con una escala eterna, seis horas hasta mi vuelo a Sevilla. El olor a café quemado del aeropuerto me tenía ya con los nervios a flor de piel. Me metí en el hotel de al lado, uno de esos cutres con habitaciones impersonales. Climatización a tope, aire helado que te pone la piel de gallina. Bajé al bar, pedí un gin-tonic para matar el tiempo. Ahí estaba él, un tío grandote, musculoso, con pinta de jugador de rugby o algo así. Pelo corto, camiseta ajustada marcando pectorales. Estaba con dos colegas, contando batallitas de conquistas. ‘Joder, en cada viaje, me follaba a dos o tres tías del equipo contrario. Les ponía la polla hasta el fondo y gritaban como locas’, decía riendo fuerte.

Nuestras miradas se cruzaron. Él sonrió, malicioso, como si ya supiera. Yo le devolví la sonrisa, mordiéndome el labio. Me acerqué, pretextando pedir hielo. ‘¿Escala larga?’, me preguntó con voz grave. ‘Sí, y aburrida’, respondí, rozándole el brazo. Sus colegas se piraron pronto, anunciando vuelos de fondo: ‘Última llamada para París…’. Nos quedamos solos. ‘¿Subimos a mi habitación? Tengo birra fría’, murmuró, con la mano en mi cintura. El corazón me latía fuerte. Adrenalina pura, total, en unas horas me iba y no habría mañana. ‘Vale, pero rápido, que mi vuelo no espera’, le dije guiñando.

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

Subimos. Puerta cierra, clic. Aire acondicionado zumbando, sábanas blancas crujientes. Nos comimos la boca ya en el pasillo. Lenguas enredadas, saliva, gemidos ahogados. Le arranqué la camiseta, pectorales duros, sudor salado. ‘Joder, qué tetas’, gruñó bajándome el top. Caímos en la cama, yo encima. Le desabroché el pantalón, ¡madre mía, qué verga! Gruesa, venosa, tiesa como una barra. ‘Mmm, esta polla es para follar fuerte’, le susurré chupándosela. Lengüetazos desde los huevos hasta la punta, tragándomela hasta la garganta. Él jadeaba: ‘Sí, chúpamela, puta cachonda’. Me puse a cuatro patas, urgencia total. ‘Fóllame ya, métemela toda’. Entró de un empujón, ¡uf!, partiéndome en dos. Polla enorme rebotando contra mi culo, plac-plac-plac. Sudor goteando, olor a sexo crudo mezclándose con el desinfectante del hotel.

Follada intensa en la habitación fría

Me dio la vuelta, piernas en hombros, embistiéndome brutal. ‘¡Más fuerte, joder, rómpeme el coño!’, gritaba yo, uñas clavadas en su espalda. Él sudaba, músculos tensos: ‘Te voy a llenar de leche, zorra de aeropuerto’. Cambiamos, yo cabalgándolo, tetas botando, coño chorreando. Roce del clítoris contra su pubis, orgasmo subiendo. ‘Me corro, ay… ¡sí!’. Él aguantó, pero al final rugió: ‘Toma, toda mi corrida’. Chorros calientes dentro, desbordando. Quedamos jadeando, pegados, piel pegajosa.

Ducha rápida, agua caliente contrastando el frío. ‘Ha sido brutal’, dijo él besándome. ‘Sin nombres, sin promesas’, respondí riendo. Bajé al aeropuerto al alba, anuncios retumbando: ‘Embarque para Sevilla’. Él se iba a otro lado. Me subí al avión con el coño palpitante, braguita húmeda en el bolso. Recuerdo quemando, listo para la próxima escala.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top