Mi escale fogosa con un desconocido en el hotel del aeropuerto

Estaba en el aeropuerto de Madrid, escala de cuatro horas antes de mi vuelo a Barcelona. Cansada, con el jet lag pegándome fuerte. Me senté en el bar, olor a café quemado y donuts fritos invadiendo todo. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Vuelo IB-1234 a París, puerta 15’. Pedí un gin-tonic, fuerte, para espabilarme.

Lo vi entrar. Alto, moreno, ojos intensos, chaqueta de cuero gastada. Se sentó dos taburetes más allá. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí, él devolvió la sonrisa. ‘¿Escale eterna también?’, preguntó con acento… ¿argentino? ‘Sí, cuatro horas muertas’, respondí, voz ronca de sueño. Charla fluida: viajes, aventuras, lo efímero de los aeropuertos. Adrenalina subiendo. Sabía que no había mañana. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos. ¿Te animas a quemar el tiempo?’, soltó de repente. Dudé un segundo. ‘Joder, sí. Vamos.’

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

Pagamos, salimos. Aire frío de la noche, luces de aviones despegando. El hotel era impersonal, luces neón parpadeando ‘Libre’. Recepción rápida, llave magnética. Subimos al ascensor, silencio cargado. Sus manos ya en mi cintura. Puerta de la habitación: clic. Aire acondicionado zumbando, frío seco. Sábanas blancas crujientes, olor a detergente barato.

No perdimos tiempo. Me empujó contra la pared, beso salvaje, lenguas enredadas. ‘Quítate la ropa’, gruñó. Me arranqué la blusa, sujetador volando. Él se bajó los pantalones, polla dura saltando libre, gruesa, venosa. ‘Joder, qué pedazo’, murmuré. Caí de rodillas, la chupé ansiosa, saliva goteando, bolas en la mano. Gemía bajito, ‘Así, puta, trágatela’. Anuncios lejanos filtrándose por la ventana entreabierta.

La follada urgente en la habitación

Me levantó, tiró en la cama. Piernas abiertas, coño ya empapado. Metió dos dedos, removiendo, ‘Estás chorreando, zorra’. Lamí su cuello salado. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’. Se colocó, cabezó rozando mi clítoris, empujón seco. Entró entero, estirándome, dolor-placer. ‘¡Coño, qué prieta!’, jadeó. Embestidas brutales, cama chirriando, piel contra piel slap-slap. Sudor mezclándose, sus manos apretando tetas, pezones duros pellizcados.

Cambié posición, a cuatro patas. ‘Más fuerte, cabrón’. Agarró caderas, polla aporreando fondo, huevos golpeando culo. Grité, orgasmo subiendo. ‘Me corro, joder…’. Él aceleró, ‘Aguanta, que te lleno’. Dedos en mi culo, uno dentro, frotando. Explosión: yo temblando, chorros mojando sábanas; él gruñendo, semen caliente inundando, chorros tras chorros. Colapsamos, respirando agitados, aire helado secando sudor.

Minutos después, ducha rápida. Agua caliente, jabón resbalando por cuerpos. Otro polvo contra azulejos, rápido, él por detrás, mano en boca ahogando gemidos. ‘Tu vuelo…’, recordó. Vestir a prisas. Beso final en la puerta. ‘Adiós, desconocido. Buen viaje’. Bajé sola al aeropuerto, piernas flojas, coño palpitando, olor a sexo en mi piel. Anuncio: ‘Vuelo a Barcelona, embarque inmediato’. Me fui con ese fuego en el equipaje de mano, sonrisa pícara. Mañana, olvido. Pero esa noche… inolvidable.

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