Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado tres horas. Nervios por el jet lag, pero el cuerpo pedía acción. Me senté en el bar del hotel pegado al aeropuerto, ese olor a café quemado flotando en el aire, anuncios de vuelos retumbando de fondo: ‘Última llamada para Nueva York…’. Pedí un gin-tonic, hielo tintineando en el vaso. Llevaba falda corta negra, blusa escotada, tanga roja que se notaba si me movía. Pelo suelto, labios rojos. Miré alrededor. Ahí estaba él. Alto, ojos verdes, camisa ajustada marcando pecho. Me pilló mirándolo. Sonrió, ese gesto pícaro. Se acercó.
‘¿Española?’, preguntó con acento francés. ‘Sí, de Barcelona. ¿Tú?’, respondí, cruzando piernas. ‘De París, escala eterna’. Hablamos. Se llamaba Marc. Soltero, abierto. ‘Odio esperar sola’, dije, mordiéndome labio. Él: ‘Yo también. ¿Subimos? Mi habitación está arriba’. Adrenalina. Sabía que en horas me iba. Anonimato total. ‘Vale, pero rápido. Mi vuelo sale al alba’. Nos besamos en el ascensor, bocas urgentes, su lengua invadiendo la mía.
El cruce de miradas en el bar del aeropuerto
La habitación: clim fría erizándome piel, draps blancos crujientes e impersonales, olor a desinfectante mezclado con su colonia. Puerta cerrada, luces tenues. ‘Quítate todo’, gruñí. Él se desnudó primero. Polla dura ya, gruesa, venosa, 19 cm fácil, capullo hinchado. Me tiré de rodillas. ‘Joder, qué pedazo’, murmuré. Lamí el prepucio, lo bajé con labios, saboreando ese gusto salado. Chupé lento, lengua girando en el glande, bolas pesadas en mi mano. Él gemía: ‘Mierda, qué boca…’. Lo tragué profundo, garganta apretando, saliva chorreando.
Me levantó, tiró falda y tanga. ‘Coño depilado, perfecto’, dijo. Me tumbó en la cama, piernas abiertas. Lamía mis labios mayores, aspirando clítoris hinchado. ‘¡Sí, ahí!’, jadeé. Dedos dentro, dos, curvados tocando punto G, mouille empapando sábanas. Metí mano en sus pantalones… espera, ya desnudo. Lo monté. Polla abriéndose paso en mi coño chorreante. ‘Fóllame fuerte’, supliqué. Él embestía, pelvis chocando, huevos golpeando culo. Sudor, jadeos, clim zumbando. Cambiamos: perrito, él azotando nalgas, dedos en mi ano. ‘¿Te gusta?’, ‘¡Sí, métemela!’. Empujó dedo, luego dos, mientras polla en coño. Orgasmo brutal, gritando, chorro salpicando.
La urgencia en la habitación y la despedida
Él al límite. ‘Me corro’, avisó. ‘Dentro, lléname’. Giclées calientes inundando útero. Colapsamos, cuerpos pegajosos. Besos lentos, su polla aún media dura en mí. ‘Eres una puta increíble’, susurró. ‘Y tú un semental’. Duermo poco, su brazo sobre tetas.
Alba. Anuncios: ‘Vuelo Barcelona embarcando’. Me visto rápido, coño goteando semen por muslos. ‘Adiós, Marc. Sin mañana’. Beso salvaje en puerta. Él: ‘Vuelve a París’. Bajo corriendo, olor a sexo en piel, tanga en bolso. Avión despega, recuerdo quemando entre piernas. Joder, qué noche.