Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto durante una escala

Estaba en el aeropuerto de Madrid, escala de cuatro horas antes de mi vuelo a Barcelona. El retraso anunciado por megafonía me tenía harta. ‘Vuelo IB-3452 retrasado dos horas más’, decían una y otra vez. Olía a café quemado de la cafetería, mezclado con ese aire acondicionado rancio. Decidí ir al hotel de al lado, el típico Ibis o Campanile, de paso. Cogí mi maleta de cabina y crucé la calle.

El bar del lobby estaba medio vacío. Me pedí un gin-tonic, sentada en la barra. Él entró, unos cuarenta y pico, bien vestido, camisa ajustada, pantalón de pinza. Restaurador, olía a colonia cara y a alguien que viaja mucho. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió. ‘¿Española?’, preguntó con acento francés suave. ‘Sí, de aquí, ¿y tú?’. ‘Julio, de paso a París’. Charlamos. Habló de su hotelito en sociedad con la ex, pero ya no vivía con ella. Yo le conté mi rollo de viajes sola, buscando aventuras sin ataduras. El alcohol subía, la adrenalina de saber que en unas horas me iba. ‘¿Subimos?’, dijo él, voz ronca. Dudé un segundo, mordí el labio. ‘Venga, solo unas horas’. Pagó las copas y tiramos para su habitación en el primer piso.

El encuentro en el bar: miradas y decisión impulsiva

La puerta se cerró con un clic. La clim fría erizaba la piel. Draps blancos impolutos, impersonales, perfectos para esto. Me abrazó fuerte, olía a sudor limpio y deseo. Besos suaves primero, luego lengua dentro, mordiendo labios. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Me quitó la blusa ligera, el sujetador. Mis tetas pequeñas pero firmes le gustaron. ‘Qué bonitas’. Yo le desabroché la camisa, pantalón. Su polla saltó, larga y estrecha, más que la de mis ex. Dura como piedra. Me tiré de rodillas, la cogí con la mano. ‘Mmm, qué rica’, le chupé la punta, saliva bajando. Él gemía, mano en mi pelo. ‘Trágatela toda’. Intenté, la mitad me entró, garganta apretada. Me follaba la boca suave, no brusco.

El sexo urgente y sin filtros en la habitación

Me levantó, me tiró en la cama. Draps fríos contra mi piel caliente. Me abrió las piernas, olió mi coño ya mojado. ‘Estás chorreando’. Lamía clítoris, dos dedos dentro, curvados. Grité bajito, ‘¡Sí, joder!’. Anuncios de vuelos lejano en fondo, recordándonos el tiempo. Puso condón, se subió encima. Entró de un empujón, llena. ‘¡Ay, coño!’. Me follaba fuerte, ritmo urgente. Tetitas rebotando, yo clavándole uñas. ‘Más rápido, que me corro’. Grité alto, orgasmo violento, coño apretando su polla. Él no paró, me dio la vuelta. ‘Quiero tu culo’. Dudé, ‘Cuidado, es larga’. Lubricó con saliva, empujó despacio. Dolor placer mezclado, ‘¡Joder, entra!’. Me sodomizó suave al principio, luego bestia. Golpes secos, yo masturbándome clítoris. ‘Me vengo en tu culo’. Eyaculó gruñendo, yo otra vez, temblando.

Descansamos jadeando, sudor pegajoso. Charlamos poco, caricias. Su mano en mis nalgas. ‘Eres una puta increíble’. Sonreí. Miré reloj: una hora para mi vuelo. ‘Tengo que irme’. Ducha rápida juntos, agua caliente lavando pecados. Secos, beso largo en puerta. ‘Sin números, sin promesas’, dije. Él asintió, ‘Adiós, guarra’. Bajé corriendo, maleta en mano. Cruzando calle, olor café otra vez, anuncios volando. Embarqué con coño palpitando, culo recordando. Ese fuego anónimo en mi bagage mental, listo para olvidar… o no.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top